En Le Vigan, en
el Sur de Francia, la fábrica de medias Well era toda una institución:
en sus mejores años llegó a emplear a una cuarta parte
de los 4.500 habitantes de esta población al pie del Monte Aigoual,
en pleno corazón del macizo de los Cévennes. Sin embargo,
la aventura industrial parece haber llegado a su fin. Después
de sucesivas oleadas de despidos en los últimos diez años,
la dirección ha decido fabricar todos los artículos de
“baja gama” en China, para poder hacer frente a la competencia.
Cientos de trabajadores van a quedarse en la calle a partir del verano,
sin grandes esperanzas de poder encontrar otro empleo: aquí el
20% de la población se encuentra en el paro. REPORTAJE.
“¡Tomad ! ¡Mirad !”
Stéphane Charlin abre el maletero de su coche, sin poder dejar
de sonreír. “Para vosotros”, dice sacando de una
caja un gran calendario 2007. Va pasando las hojas de papel satinado
hasta llegar a su foto. El delegado del sindicato cristiano CFTC aparece
posando con el torso medio desnudo y sus musculosas piernas de jugador
de rugby realzadas elegantemente por unas medias de la marca Well. “Calendario
de Adviento… de la deslocalización: es el título
que hemos escogido. Todos los sindicalistas de la planta han participado.
Hasta un compañero de origen asiático, a modo de guiño.
Hemos vendido 5.000 ejemplares a 5 euros, lo que nos ha permitido financiar
nuestra gran manifestación ante la Asamblea Nacional en París
en el mes de enero. Algo es algo…”. Interrumpe para
mirar un momento la hora. “Nos vamos a tener que ir yendo.
Tenemos un largo camino hasta llegar a Le Vigan”. El sindicalista
toca el hombro de su hijo al que ha acompañado toda la tarde
durante su partido a las afueras de Nimes, la ciudad principal del departamento
francés. Ha disfrutado, tras el pitido que ha señalado
el final del partido de balonmano, la victoria de su hijo mayor contra
el líder de la liga local. “Sería estupendo
poderlo tomar como un buen augurio para el futuro. Mis hijos no dejan
de repetirme que no se quieren ir de Le Vigan. ¡Y yo tampoco quiero!
La fábrica es mi vida. Pronto hará 20 años que
trabajo allí.” Se cierran las puertas del coche. Al
motor le cuesta arrancar, pero arranca. Y nos volvemos a poner en camino.
Una hora más tarde, al fondo de un valle rodeado por las montañas
de los Cévennes se vislumbra la silueta de esta ciudad de 4.500
habitantes, a cuya entrada se encuentra la fábrica Well con edificios
nuevos, casi tan parte del patrimonio como el puente romano, de nueve
siglos de antigüedad, sobre el río Arre, al que debe su
prosperidad la planta.
Rumbo a China
Al día siguiente, frente a las 300 máquinas ultramodernas
en funcionamiento que tejen automáticamente 35 millones de pares
de medias marrones, blancas o negras al año, cuesta imaginarse
que se vaya a parar todo. Sin embargo, el pasado otoño, la dirección
decidió que a partir del año en curso mandaría
fabricar sus productos de “baja gama” en China y conservar,
en el mejor de los casos, un pequeño taller de “alta gama”
en Francia. ¿Cuál es la razón? El mercado se ha
hundido - se dice que las mujeres cada vez se decantan más por
los pantalones en vez de los vestidos – y se acusa a los competidores,
con DiM a la cabeza, de rebajar los precios sin fin. A ojos del accionista
Natixis no queda más remedio que partir rumbo a China. “Nos
dicen que allí la producción les va a costar un 40% menos.
Pero el precio del transporte amenaza con aumentar”, advierte
Stéphane Charlin. “Los chinos llegarán al mismo
nivel de calidad, no hay que hacerse ilusiones”, dice resignado
Pierre Defaut, del sindicato CFDT. “Pero debido a la distancia,
Well se verá obligado a almacenar más existencias para
asegurarse de poder responder a la demanda. Y mantener existencias cuesta
caro”. “Es verdad que el mercado francés no va bien”,
comenta a su vez Stéphane Charlin. “Pero se podían
haber contemplado otras soluciones, como desarrollar productos diferentes,
innovar”. Por ejemplo, como sugieren algunos, invertir en medias
ortopédicas. “El problema es que nos enfrentamos a la lógica
puramente financiera de los accionistas. No quieren saber nada”,
añade el sindicalista. Nadie parece poder oponerse a este cambio:
ni la población, con una movilización desigual, y ni si
quiera los sindicatos, al final muy divididos. Tras varios meses de
lucha, que culminaron en cinco días de huelga, algunos –
entre ellos el CFTC de Stéphane Charlin, sindicato mayoritario
– cansados de luchar, han terminado por tirar la toalla. Considerando
que “mejor” se podía convertir en enemigo de “bueno”,
firmaron a principios de febrero un acuerdo definitivo con la empresa:
la promesa de mantener una actividad mínima que salvaría
unos treinta puestos, pero también el compromiso de la empresa
de pagar el equivalente a dos años de salario a los 270 trabajadores
que serán despedidos, de forma progresiva, a partir del mes de
junio…
No ocurrirá un milagro. Los trabajadores encargados de supervisar
las cadenas y los encargados del empaquetado de los productos percibían
en su mayoría 1.300 euros netos al mes: ahora tendrán
que prepararse para vivir con el subsidio del paro durante mucho tiempo.
Las listas de la oficina local ya registran un 18% de demandantes de
empleo en esta ciudad que había basado gran parte de su actividad
en el sector textil. “Sinceramente, ¿qué esperan
que nos pongamos a hacer aquí? ¡No es que vayamos a podernos
ganar la vida vendiendo cebollas de los Cévennes!”, se
lamenta una trabajadora. “Llevo desde siempre en la planta Well.
Nos damos cuenta de que pronto ya no quedará nada y eso duele.
¿Cómo voy a pagar mis créditos? No entiendo que
el gobierno francés no haga nada al respecto. Es una vergüenza.
La dirección acaba de contratar a cuarenta trabajadores temporales
para poder hacer frente a los pedidos. Hay trabajo, pero los accionistas
siempre quieren más dinero.” Durante los últimos
diez años ya han tenido lugar varias oleadas de despidos. Y según
los sindicatos, solo una pequeña parte de los trabajadores ha
conseguido recolocarse, bien como cuidador – Le Vigan cuenta con
dos residencias de ancianos – bien creando su propia empresa.
Myriam pertenece a este segundo grupo. En pleno centro, ha abierto un
bonito restaurante, en el que la cocina tradicional del lugar y los
sabores exóticos se dan la mano, junto con su pareja Sirima,
originario de Burkina Faso. El restaurante siempre está lleno
desde que aparecieran en un reportaje realizado por un equipo de la
televisión regional. “¡Vino incluso a visitarnos
la viuda del ex presidente de Burkina Faso, Myriam Sankar!”, comenta
sonriendo. “Este trabajo me ha cambiado la vida. La fábrica
no era nada gratificante. Pero nuestro negocio es frágil. Trabajamos
seis días a la semana. Los impuestos son elevados: nos quedan
al final apenas 1.300 euros netos al mes para vivir los dos. Me preocupa
mucho que cierre completamente Well. Sus empleados representan una tercera
parte de mi clientela. Pero nosotros no somos los únicos: también
está la guardería municipal. Si la gente se queda sin
dinero, no podrán llevar a los niños allí”.
El
sector textil, ¿por qué en los Cévennes?
La historia de Le Vigan está estrechamente unida a la del
sector textil desde la Edad Media. En aquella época los rebaños
de ovejas de la meseta de Causses alimentaban las florecientes fábricas
de sábanas de lana. Fue en el siglo XVI, en la época
de Enrique IV, cuando se desarrolla la sericultura o el cultivo
de gusanos de seda. La región de Le Vigan se especializa
en la elaboración de medias de seda, que llevaban los hombres
de cierto rango en Francia hasta mediados del siglo XIX. Todas las
cortes europeas se vestían con medias confeccionadas en los
Cévennes. El clima meridional de esta región es ideal
para la morera, arbusto del que se nutren los gusanos de seda. |
Los riegos del efecto
dominó
Esa misma tarde encontramos en el restaurante a una joven pareja de
unos veinte años, él está en el paro, ella trabaja
con un contrato temporal en Well. Asienten. Los dos van a tener que
dejar, muy a su pesar, la que es su ciudad para abrir un restaurante
a orillas del Mediterráneo. “Estamos muy apegados a Le
Vigan: es un lugar magnífico. Pero no nos podemos ni plantear
invertir en una casa rural: decenas de ingleses, alemanes y holandeses
vienen a instalarse aquí cuando se jubilan. Y los precios se
disparan. Una casa antigua para renovar se vende fácilmente a
200.000 euros. ¡Inaccesible!”. Los habitantes tienen grandes
problemas para mantener el ritmo de los precios. Muchos se quejan de
esta inflación que llega hasta el supermercado. Una señal
de este declive social es la presencia desde 2005 de la organización
caritativa “Restos du Coeur” (Restaurantes del Corazón)
en una de las callejuelas del centro de la ciudad. Jean-Marie, empleado
de Well jubilado, y Anne-Marie, desempleada, preparan la colecta invernal:
“La situación ha empeorado desde el año pasado.
La semana pasada, servimos 1.800 comidas gratuitas a 155 familias. Entre
ellas, se encuentran muchos antiguos empleados de Well que no han encontrado
otro trabajo y no consiguen llegar a fin de mes.” ¿Qué
hacer? El alcalde socialista de Le Vigan, Thierry Bourrié, se
siente “impotente” frente a las deslocalizaciones. Puede
entrever también los riegos de un efecto dominó: en su
ciudad, dos centros de ayuda mediante el trabajo que emplean a discapacitados
realizan labores de empaquetado para Well. Más grave todavía:
la empresa textil proporciona el 60% de los recursos fiscales de la
ciudad. “Me pregunto cómo me las voy a arreglar para pagar
a mis funcionarios el día que se vayan. Estamos trabajando en
la instalación de un parque eólico que nos permita compensar
esta pérdida fiscal en tres años”. ¿Pero
los puestos de trabajo? ¿De dónde van a salir? ¿Y
cuándo? Hay pocas respuestas. “No pensamos en la diversificación
cuando el sector textil funcionaba bien. Asumo el error. Aún
así pienso que hay un futuro aquí en los sectores del
turismo y de la salud. Van a aparecer proyectos. Lo que nos salva es
que tenemos una subprefectura, una escuela secundaria, un hospital,
una oficina de correos y numerosos centros administrativos.”
Salir adelante
El accionista único de Well se ha comprometido a destinar 1,5
millones de euros para revitalizar la cuenca de empleo. El Estado hará
lo mismo. Sin contar la ayuda de las autoridades departamentales y regionales.
“Esto permitirá, por qué no, apoyar proyectos personales”,
confía Thierry Bourrié. Sin embargo, la mayoría
de los trabajadores tienen más de 40 años y no han realizado
nunca ninguna otra actividad profesional, un mal característico
de Francia, donde la formación continua todavía está
en sus estadios iniciales. “Volver a la escuela a nuestra edad
sería muy duro”, comenta un empleado. “Habrá
que esperar diez años para poder relanzar la actividad y habrá
que tirar mucho de la caja social”, pronostica Pierre Defaut,
del sindicato CFDT. En el Museo de los Cévennes de Le Vigan,
el director, Laurent Puech, reconoce que lo que está ocurriendo
es “claramente un drama”. Con la perspectiva característica
de los historiadores, está seguro de que el valle será
capaz de encontrar los recursos necesarios para salir adelante. “Vivimos
un periodo de crisis y de transición. Esta crisis hace que aparezcan
en el discurso de unos y de otros las supuestas grandes desventajas
de nuestra situación geográfica. No dejamos de oír
que la ciudad está demasiado cercada. Pero si nos fijamos en
la historia podemos ver que este hecho nunca ha constituido un obstáculo
para su desarrollo. Además, nuestra región está
mucho más abierta de lo que pensamos: hemos encontrado escritos
que muestran que justo a principios del siglo XIX, las familias partían
hasta Bósforo para comprar semillas de morera sanas para volver
a relanzar sus cultivos de gusanos de seda, entonces afectados por una
enfermedad. ¡Seguro que vamos salir de esta!”
Well: 80 años
de historia
Desde hace seis años, Well está en manos de Natixis Industrie,
filial del fondo de inversión francés Natixis, de Cajas
de Ahorro y Bancos Populares. Es el segundo fabricante de ropa interior
femenina en Francia, con tres cuartas partes de su producción
destinadas a las medias, pantis y medias calcetín. El grupo cuenta
con 438 empleados en Le Vigan, Francia, (300 “costureros”
en la fábrica y el resto repartidos entre el departamento de
logística y el de diseño y concepción). En el año
1927, se abrió la primera planta con el nombre de “Bas
de France” (Medias de Francia). Fue retomada en 1970 por el grupo
Bugnon, de Lyon, que lanzó la marca Well. La adquisición
por parte del grupo inglés Harstone en 1992 permitió modernizar
y diversificar la producción. En 2005, la planta consiguió
una cifra de negocios de más de 49 millones de euros en medias
y pantis. Según el CFTC, los resultados netos son deficitarios
desde hace varios años.
NB: La dirección de
Well no respondió a la solicitud de entrevista del autor