El valle va perdiendo la esperanza
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Nicolas Ballet
Nicolas Ballet, 33 años, es periodista y encargado de la sección de información social en el periódico francés Le Progrès de Lyon. Cuenta con títulos del Instituto de Estudios Políticos de Lyon, el Instituto de Ciencias Políticas de Munster (Alemania) y la Escuela de Periodismo de Estrasburgo (Cuej). Desde hace diez años ha centrado sus investigaciones en la actualidad política y económica del continente africano, con reportajes sobre Costa de Marfil, Níger o Darfur publicados en Le Journal du Jeudi / La Marabout (Uagadugú), La Lettre du Continent (París) y Courrier International (París). El año pasado partió en misión de trabajo a Pekín enviado por la Cámara de Comercio e Industria de Lyon.


En Le Vigan, en el Sur de Francia, la fábrica de medias Well era toda una institución: en sus mejores años llegó a emplear a una cuarta parte de los 4.500 habitantes de esta población al pie del Monte Aigoual, en pleno corazón del macizo de los Cévennes. Sin embargo, la aventura industrial parece haber llegado a su fin. Después de sucesivas oleadas de despidos en los últimos diez años, la dirección ha decido fabricar todos los artículos de “baja gama” en China, para poder hacer frente a la competencia. Cientos de trabajadores van a quedarse en la calle a partir del verano, sin grandes esperanzas de poder encontrar otro empleo: aquí el 20% de la población se encuentra en el paro. REPORTAJE.

¡Tomad ! ¡Mirad !” Stéphane Charlin abre el maletero de su coche, sin poder dejar de sonreír. “Para vosotros”, dice sacando de una caja un gran calendario 2007. Va pasando las hojas de papel satinado hasta llegar a su foto. El delegado del sindicato cristiano CFTC aparece posando con el torso medio desnudo y sus musculosas piernas de jugador de rugby realzadas elegantemente por unas medias de la marca Well. “Calendario de Adviento… de la deslocalización: es el título que hemos escogido. Todos los sindicalistas de la planta han participado. Hasta un compañero de origen asiático, a modo de guiño. Hemos vendido 5.000 ejemplares a 5 euros, lo que nos ha permitido financiar nuestra gran manifestación ante la Asamblea Nacional en París en el mes de enero. Algo es algo…”. Interrumpe para mirar un momento la hora. “Nos vamos a tener que ir yendo. Tenemos un largo camino hasta llegar a Le Vigan”. El sindicalista toca el hombro de su hijo al que ha acompañado toda la tarde durante su partido a las afueras de Nimes, la ciudad principal del departamento francés. Ha disfrutado, tras el pitido que ha señalado el final del partido de balonmano, la victoria de su hijo mayor contra el líder de la liga local. “Sería estupendo poderlo tomar como un buen augurio para el futuro. Mis hijos no dejan de repetirme que no se quieren ir de Le Vigan. ¡Y yo tampoco quiero! La fábrica es mi vida. Pronto hará 20 años que trabajo allí.” Se cierran las puertas del coche. Al motor le cuesta arrancar, pero arranca. Y nos volvemos a poner en camino. Una hora más tarde, al fondo de un valle rodeado por las montañas de los Cévennes se vislumbra la silueta de esta ciudad de 4.500 habitantes, a cuya entrada se encuentra la fábrica Well con edificios nuevos, casi tan parte del patrimonio como el puente romano, de nueve siglos de antigüedad, sobre el río Arre, al que debe su prosperidad la planta.

Rumbo a China
Al día siguiente, frente a las 300 máquinas ultramodernas en funcionamiento que tejen automáticamente 35 millones de pares de medias marrones, blancas o negras al año, cuesta imaginarse que se vaya a parar todo. Sin embargo, el pasado otoño, la dirección decidió que a partir del año en curso mandaría fabricar sus productos de “baja gama” en China y conservar, en el mejor de los casos, un pequeño taller de “alta gama” en Francia. ¿Cuál es la razón? El mercado se ha hundido - se dice que las mujeres cada vez se decantan más por los pantalones en vez de los vestidos – y se acusa a los competidores, con DiM a la cabeza, de rebajar los precios sin fin. A ojos del accionista Natixis no queda más remedio que partir rumbo a China. “Nos dicen que allí la producción les va a costar un 40% menos. Pero el precio del transporte amenaza con aumentar”, advierte Stéphane Charlin. “Los chinos llegarán al mismo nivel de calidad, no hay que hacerse ilusiones”, dice resignado Pierre Defaut, del sindicato CFDT. “Pero debido a la distancia, Well se verá obligado a almacenar más existencias para asegurarse de poder responder a la demanda. Y mantener existencias cuesta caro”. “Es verdad que el mercado francés no va bien”, comenta a su vez Stéphane Charlin. “Pero se podían haber contemplado otras soluciones, como desarrollar productos diferentes, innovar”. Por ejemplo, como sugieren algunos, invertir en medias ortopédicas. “El problema es que nos enfrentamos a la lógica puramente financiera de los accionistas. No quieren saber nada”, añade el sindicalista. Nadie parece poder oponerse a este cambio: ni la población, con una movilización desigual, y ni si quiera los sindicatos, al final muy divididos. Tras varios meses de lucha, que culminaron en cinco días de huelga, algunos – entre ellos el CFTC de Stéphane Charlin, sindicato mayoritario – cansados de luchar, han terminado por tirar la toalla. Considerando que “mejor” se podía convertir en enemigo de “bueno”, firmaron a principios de febrero un acuerdo definitivo con la empresa: la promesa de mantener una actividad mínima que salvaría unos treinta puestos, pero también el compromiso de la empresa de pagar el equivalente a dos años de salario a los 270 trabajadores que serán despedidos, de forma progresiva, a partir del mes de junio…
No ocurrirá un milagro. Los trabajadores encargados de supervisar las cadenas y los encargados del empaquetado de los productos percibían en su mayoría 1.300 euros netos al mes: ahora tendrán que prepararse para vivir con el subsidio del paro durante mucho tiempo. Las listas de la oficina local ya registran un 18% de demandantes de empleo en esta ciudad que había basado gran parte de su actividad en el sector textil. “Sinceramente, ¿qué esperan que nos pongamos a hacer aquí? ¡No es que vayamos a podernos ganar la vida vendiendo cebollas de los Cévennes!”, se lamenta una trabajadora. “Llevo desde siempre en la planta Well. Nos damos cuenta de que pronto ya no quedará nada y eso duele. ¿Cómo voy a pagar mis créditos? No entiendo que el gobierno francés no haga nada al respecto. Es una vergüenza. La dirección acaba de contratar a cuarenta trabajadores temporales para poder hacer frente a los pedidos. Hay trabajo, pero los accionistas siempre quieren más dinero.” Durante los últimos diez años ya han tenido lugar varias oleadas de despidos. Y según los sindicatos, solo una pequeña parte de los trabajadores ha conseguido recolocarse, bien como cuidador – Le Vigan cuenta con dos residencias de ancianos – bien creando su propia empresa. Myriam pertenece a este segundo grupo. En pleno centro, ha abierto un bonito restaurante, en el que la cocina tradicional del lugar y los sabores exóticos se dan la mano, junto con su pareja Sirima, originario de Burkina Faso. El restaurante siempre está lleno desde que aparecieran en un reportaje realizado por un equipo de la televisión regional. “¡Vino incluso a visitarnos la viuda del ex presidente de Burkina Faso, Myriam Sankar!”, comenta sonriendo. “Este trabajo me ha cambiado la vida. La fábrica no era nada gratificante. Pero nuestro negocio es frágil. Trabajamos seis días a la semana. Los impuestos son elevados: nos quedan al final apenas 1.300 euros netos al mes para vivir los dos. Me preocupa mucho que cierre completamente Well. Sus empleados representan una tercera parte de mi clientela. Pero nosotros no somos los únicos: también está la guardería municipal. Si la gente se queda sin dinero, no podrán llevar a los niños allí”.

El sector textil, ¿por qué en los Cévennes?
La historia de Le Vigan está estrechamente unida a la del sector textil desde la Edad Media. En aquella época los rebaños de ovejas de la meseta de Causses alimentaban las florecientes fábricas de sábanas de lana. Fue en el siglo XVI, en la época de Enrique IV, cuando se desarrolla la sericultura o el cultivo de gusanos de seda. La región de Le Vigan se especializa en la elaboración de medias de seda, que llevaban los hombres de cierto rango en Francia hasta mediados del siglo XIX. Todas las cortes europeas se vestían con medias confeccionadas en los Cévennes. El clima meridional de esta región es ideal para la morera, arbusto del que se nutren los gusanos de seda.
 

Los riegos del efecto dominó
Esa misma tarde encontramos en el restaurante a una joven pareja de unos veinte años, él está en el paro, ella trabaja con un contrato temporal en Well. Asienten. Los dos van a tener que dejar, muy a su pesar, la que es su ciudad para abrir un restaurante a orillas del Mediterráneo. “Estamos muy apegados a Le Vigan: es un lugar magnífico. Pero no nos podemos ni plantear invertir en una casa rural: decenas de ingleses, alemanes y holandeses vienen a instalarse aquí cuando se jubilan. Y los precios se disparan. Una casa antigua para renovar se vende fácilmente a 200.000 euros. ¡Inaccesible!”. Los habitantes tienen grandes problemas para mantener el ritmo de los precios. Muchos se quejan de esta inflación que llega hasta el supermercado. Una señal de este declive social es la presencia desde 2005 de la organización caritativa “Restos du Coeur” (Restaurantes del Corazón) en una de las callejuelas del centro de la ciudad. Jean-Marie, empleado de Well jubilado, y Anne-Marie, desempleada, preparan la colecta invernal: “La situación ha empeorado desde el año pasado. La semana pasada, servimos 1.800 comidas gratuitas a 155 familias. Entre ellas, se encuentran muchos antiguos empleados de Well que no han encontrado otro trabajo y no consiguen llegar a fin de mes.” ¿Qué hacer? El alcalde socialista de Le Vigan, Thierry Bourrié, se siente “impotente” frente a las deslocalizaciones. Puede entrever también los riegos de un efecto dominó: en su ciudad, dos centros de ayuda mediante el trabajo que emplean a discapacitados realizan labores de empaquetado para Well. Más grave todavía: la empresa textil proporciona el 60% de los recursos fiscales de la ciudad. “Me pregunto cómo me las voy a arreglar para pagar a mis funcionarios el día que se vayan. Estamos trabajando en la instalación de un parque eólico que nos permita compensar esta pérdida fiscal en tres años”. ¿Pero los puestos de trabajo? ¿De dónde van a salir? ¿Y cuándo? Hay pocas respuestas. “No pensamos en la diversificación cuando el sector textil funcionaba bien. Asumo el error. Aún así pienso que hay un futuro aquí en los sectores del turismo y de la salud. Van a aparecer proyectos. Lo que nos salva es que tenemos una subprefectura, una escuela secundaria, un hospital, una oficina de correos y numerosos centros administrativos.”

Salir adelante
El accionista único de Well se ha comprometido a destinar 1,5 millones de euros para revitalizar la cuenca de empleo. El Estado hará lo mismo. Sin contar la ayuda de las autoridades departamentales y regionales. “Esto permitirá, por qué no, apoyar proyectos personales”, confía Thierry Bourrié. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores tienen más de 40 años y no han realizado nunca ninguna otra actividad profesional, un mal característico de Francia, donde la formación continua todavía está en sus estadios iniciales. “Volver a la escuela a nuestra edad sería muy duro”, comenta un empleado. “Habrá que esperar diez años para poder relanzar la actividad y habrá que tirar mucho de la caja social”, pronostica Pierre Defaut, del sindicato CFDT. En el Museo de los Cévennes de Le Vigan, el director, Laurent Puech, reconoce que lo que está ocurriendo es “claramente un drama”. Con la perspectiva característica de los historiadores, está seguro de que el valle será capaz de encontrar los recursos necesarios para salir adelante. “Vivimos un periodo de crisis y de transición. Esta crisis hace que aparezcan en el discurso de unos y de otros las supuestas grandes desventajas de nuestra situación geográfica. No dejamos de oír que la ciudad está demasiado cercada. Pero si nos fijamos en la historia podemos ver que este hecho nunca ha constituido un obstáculo para su desarrollo. Además, nuestra región está mucho más abierta de lo que pensamos: hemos encontrado escritos que muestran que justo a principios del siglo XIX, las familias partían hasta Bósforo para comprar semillas de morera sanas para volver a relanzar sus cultivos de gusanos de seda, entonces afectados por una enfermedad. ¡Seguro que vamos salir de esta!”

Well: 80 años de historia
Desde hace seis años, Well está en manos de Natixis Industrie, filial del fondo de inversión francés Natixis, de Cajas de Ahorro y Bancos Populares. Es el segundo fabricante de ropa interior femenina en Francia, con tres cuartas partes de su producción destinadas a las medias, pantis y medias calcetín. El grupo cuenta con 438 empleados en Le Vigan, Francia, (300 “costureros” en la fábrica y el resto repartidos entre el departamento de logística y el de diseño y concepción). En el año 1927, se abrió la primera planta con el nombre de “Bas de France” (Medias de Francia). Fue retomada en 1970 por el grupo Bugnon, de Lyon, que lanzó la marca Well. La adquisición por parte del grupo inglés Harstone en 1992 permitió modernizar y diversificar la producción. En 2005, la planta consiguió una cifra de negocios de más de 49 millones de euros en medias y pantis. Según el CFTC, los resultados netos son deficitarios desde hace varios años.

NB: La dirección de Well no respondió a la solicitud de entrevista del autor