Confrontada a la
secularización y a la competencia de los evangélicos,
la Iglesia Católica invierte en Brasil y en África, pero
apuesta sobre todo por Asia. Panorama de la geopolítica vaticana.
Cada vez se afirma con mayor
frecuencia que Europa ya no es el centro de la Iglesia Católica.
Y así es, si se miran las cifras. Latinoamérica, con Brasil
a la cabeza, ya es desde hace mucho el continente más católico
del mundo. Sin embargo, es en África y en Asia donde le número
de fieles está aumentando. Pero hay que desconfiar de esta ilusión
óptica: el centro de las decisiones sigue firmemente anclado
en Europa y los modelos de formación de la jerarquía,
las acciones pastorales dirigidas a los fieles y la evangelización
siguen siendo principalmente tributarias del legado del catolicismo
europeo. En otras palabras, el cuerpo de la Iglesia Católica
bascula por el Sur, pero se encuentra aún bien anclada en el
Norte…
En el seno de la Iglesia Católica, se perciben los efectos más
negativos de la globalización liberal, como vector de una secularización
que ha minado la influencia católica, y más ampliamente
la cristiana, en las sociedades europeas. En este contexto, la geopolítica
de la Iglesia Católica se asienta sobre la afirmación,
a la vez de identidad y de misión, de una contracultura alternativa:
la promoción del humanismo integral cristiano frente al relativismo
(moral y espiritual) y al utilitarismo (técnico y mercantil)
de una globalización secularizada. En este frente, desde Juan
Pablo II, la Iglesia Católica ha apostado fuerte por el diálogo
ecuménico con otras ramas del cristianismo, así como por
el diálogo interreligiosos, principalmente con el Islam, para
unir a las grandes religiones contra la amenaza de la secularización.
En esta estrategia llevada a cabo por la diplomacia del Estado Vaticano
no se duda en enfrentar, en el seno de las instituciones internacionales,
a los países del Sur, incluidos los musulmanes, y a los del Norte,
cuando se trata de defender valores tradicionales (morales y familiares)
frente a la propagación planetaria de modelos libertarios occidentales
(1). Lo mismo ocurre cuando se trata de apoyar la denuncia de las injusticias
y la desestructuración social engendradas por la globalización.
Pero la Santa Sede romana también se centra de forma importante
en las Iglesias Católicas del Sur menos afectadas que las del
Norte por lo que Benedicto XVI llama la “secularización
interna” (descenso en picado del número de practicantes
habituales y de vocaciones, distancia frente a la moral tradicional…).
El Vaticano presta mucha atención a las “Iglesias emergentes”,
aún jóvenes, puesto que representan un potencial susceptible
de revitalizar el catolicismo europeo, con el tiempo, y más globalmente
el occidental, que muestra señales de cansancio.
Brasil: el desafío
de los evangélicos
Este contexto general nos permite comprender mejor la posición
romana frente a las potencias emergentes, como Brasil, el país
más católico de la muy católica Latinoamérica.
Pero, ¿por cuánto tiempo? La pujanza de las iglesias evangélicas
parece imparable. Como cabeza de una Iglesia donde la base sigue estando
muy comprometida a favor de la justicia social, Benedicto XVI comunicó
el 8 de enero de 2007 su satisfacción frente a la evolución
brasileña calificada como “determinante” para llegar
a “vencer la pobreza” y “garantizar la estabilidad
institucional” (2). Sin embargo, dirigiéndose a varios
países del continente, entre ellos Brasil, que tienen como proyecto
igualar la unión homosexual, el Papa también denunció
“el riesgo de que el ejercicio de la democracia se transforme
en la dictadura del relativismo al proponer modelos antropológicos
incompatibles con la naturaleza y la dignidad del hombre…”.
Una evolución muy inquietante porque minaría una estrategia
de reconquista moral basada en los países y las Iglesias del
Sur.
La expansión de las iglesias evangélicas, constituye la
otra preocupación principal, pese a que la mayoría son
muy cercanas a la postura moral del Vaticano. Sobre todo porque la Iglesia
Católica brasileña parece verse algo afectada por el amplio
éxodo: un 83% de brasileños católicos en 1991,
frente al 67% de la actualidad (3). Se estima la pérdida, frente
a los evangélicos en un 1% de fieles al año en un país
que cuenta con dos pastores, normalmente evangélicos, por cada
sacerdote católico. Para responder a este desafío, se
ha innovado desde la base, como suele ser el caso, con el boom de las
comunidades carismáticas, cuya figura emblemática es la
del “sacerdote-cantante” Marcello Rossi, predicador y curandero,
tanto en estadios como en la televisión. Pero este retomar de
fórmulas evangélicas probablemente no sirva para frenar
la erosión católica en un Brasil ganado por el pluralismo
religioso.
Otro motivo de inquietud es la ausencia de una auténtica estrategia
por parte de la Iglesia brasileña, que sigue siendo un modelo
para las Iglesias Católicas de Latinoamérica, igualmente
confrontadas, aunque en distintos grados, a las mismas dificultades.
En el contexto paradigmático brasileño donde, al igual
que en el resto del continente, los problemas sociales son de lejos
los más acuciantes, será interesante ver cuál será
la orientación adoptada en la próxima Asamblea General
Episcopal Latinoamericana que se celebrará del 13 al 21 de mayo
de 2007 en el santuario mariano de Aparecida (Estado de Sao Paulo) y
que inaugurará Benedicto XVI en persona. En el Vaticano, ya se
oye menos decir que Latinoamérica es el futuro de la Iglesia
católica.
La esperanza africana
La Iglesia, ¿puede entonces contar con África? En cierta
medida. Es efectivamente en este continente, así como en Asia,
donde progresa hoy en día el cristianismo. Pero se trata principalmente
del protestante y del evangélico. Habrá que seguir, aquí
también, la evolución de la consulta de los episcopados
africanos (que durará hasta 2008) en preparación a la
segunda Asamblea Especial para África del sínodo de obispos.
Con el título La Iglesia en África al servicio de la reconciliación,
la justicia y la paz, el documento de base mira hacia el futuro. Pero,
ante todo, plantea interrogantes: “¿Cómo apoyar
los cambios de comportamiento necesarios para cambiar el destino de
África (…)? ¿Cómo anunciar el Evangelio en
un África marcada por el odio, las guerras y las injusticias?”
(4).
Sobre un plano estrictamente geopolítico, la Santa Sede espera
mucho de la República de Sudáfrica. “Uno de los
países más influyentes del continente”, como reconoció
recientemente Benedicto XVI, instándole a “mantener una
voz fuerte en el seno de la comunidad internacional”, en lo que
respecta principalmente a “la eliminación o la reducción
de la deuda externa, la construcción de la paz en la región
y la ayuda a otras naciones para la consolidación de programas
económicos y sociales eficaces” (5). Minoritaria, pero
fuerte en su compromiso contra el apartheid, la Iglesia Católica
sudafricana, de la que un 80% de los fieles son negros, conserva un
peso evidente en el país, aunque no pudo impedir la legalización
de la unión entre homosexuales… Sin embargo, puede influir
en otras Iglesias Católicas africanas que siguen dependiendo
en gran medida del apoyo de los recursos financieros y humanos que aportan
las Iglesias del Norte, sobre todo para la formación del clero.
Además, proporcionan a las Iglesias del Norte un número
creciente de sacerdotes, aunque a ellas les empiezan a faltar, sobre
todo para resistir, una vez más, el avance de las iglesias evangélicas
cada vez más independientes, cuya expansión se ve apoyada
por las misiones evangélicas norteamericanas. Nuevamente, la
Iglesia romana no sale ganando en el pulso de fuerza (6).
Cristianismo asiático
y modernidad
El proselitismo evangélico ha invertido, con el mismo éxito,
en Asia, incluyendo la India y China. Un Asia, especialmente el Asia
oriental (Corea del Sur, Singapur), donde el cristianismo se beneficia
de una imagen muy positiva, principalmente entre las clases medias que
la asocian a la modernidad y a la prosperidad occidental. Lo mismo ocurre
en el caso de los “cristianos culturales” de China, frecuentemente
intelectuales, para los que el cristianismo es sinónimo de democracia.
El gigante asiático, que cuenta con alrededor de 12 millones
de católicos (frente a los 30 a 60 millones de protestantes)
está en pleno contencioso con el Vaticano: el régimen
chino desdeña la libertad religiosa. Pero el contexto juega más
bien a favor de Roma: la presión de Estados Unidos y el escaparate
de los Juegos Olímpicos de 2008. Para garantizar la permanencia
católica en China, la Santa Sede estaría dispuesta a llegar
a un acuerdo, un tipo de concordato (7), que le permitiera completar
la unión de las dos ramas católicas locales: la oficial,
controlada por las autoridades chinas, pero envejecida y más
bien tradicional, y la “clandestina”, más atraída
por el dinamismo eclesial de los evangélicos.
Al igual que China, la India recibió una reprimenda de Benedicto
XVI el pasado 8 de enero por frenar la libertad religiosa, garantizada,
sin embargo, en su Constitución. La causa, los actos violentos,
en ocasiones mortales, de los que son víctimas los cristianos
a manos de extremistas hindúes y las leyes “anti-conversión”
adoptadas por varios Estados indios. Sin embargo, el cristianismo permanece
muy minoritario en la India (un 2,5% de la población). El grueso
de sus filas proviene principalmente de los excluidos del sistema de
castas, los Dalits (“intocables”) y de las minorías
étnicas tribales. Sin embargo, el cristianismo se encuentra más
sólidamente implantado y con más influencia en China.
Esto resulta especialmente evidente en el caso de la Iglesia Católica
(alrededor de 15 millones de fieles, es decir un 1,8% de la población)
que gestiona un número importante de instituciones muy eficaces
en el ámbito educativo (desde la educación primaria hasta
la universitaria), así como en el ámbito de la salud.
La atención que presta el Vaticano a la evolución de la
India se comprende mejor a la luz de los recursos locales de esta joven
Iglesia. Puesto que también está dotada de sólidas
instituciones (las más importantes después de las de Filipinas,
el país más católico de Asia) en materia de formación
de sacerdotes, religiosos y religiosas, cuyos números son los
que más aumentan dentro de la Iglesia Católica. A modo
de ejemplo, una cuarta parte de las vocaciones jesuitas provienen en
la actualidad de la India, donde la Iglesia dispone de tres institutos
misioneros, principalmente dirigidos hacia Asia. Por esta razón,
se considera que esta Iglesia emergente es la que cuenta con el mayor
potencial para el crecimiento de la Iglesia Católica. Sin embargo,
al igual que el conjunto de las iglesias asiáticas, aún
es poco influyente para el catolicismo en el sentido transnacional.
Hay que resaltar, puesto que es más que un símbolo, la
llegada de Monseñor Iván Dias, arzobispo de Bombay, a
la cabeza de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos. Juan Pablo II había predicho acertadamente que,
para la Iglesia Católica, el siglo XXI sería el de Asia…
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(1) Sobre este tema, véase Géopolitique
du christianisme, Blandine Chélini-Pont y Raphaël Liogier
(eds.), Ellipses, 2003.
(2) Discurso ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa
Sede.
(3) Véase “Panorama religieux du Brésil ”,
documento episcopal brasileño, Documentation catholique, n°
2338, 19 de junio de 2005.
(4) Documentation catholique, n° 2365, 1 de octubre de 2006.
(5) Discurso al nuevo embajador de Sudáfrica ante la Santa Sede,
1 de diciembre de 2005.
(6) En la actualidad, dos tercios de los misioneros cristianos en el
mundo son protestantes, principalmente evangélicos.
(7) Sin embargo, sigue sin haber ninguna relación diplomática
oficial entre China y el Vaticano.