Recomposición del mundo
La estrategia vaticana

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Serge Lafitte
Periodista independiente, especializado en lo religioso y colaborador habitual de Monde des religions. Serge Lafitte es, además, miembro del consejo de redacción de la publicación Développment et civilisations. Es también autor de La Bible et le Coran y de Mahomet et l’islam des origines (Plon, 2006).


Confrontada a la secularización y a la competencia de los evangélicos, la Iglesia Católica invierte en Brasil y en África, pero apuesta sobre todo por Asia. Panorama de la geopolítica vaticana.

Cada vez se afirma con mayor frecuencia que Europa ya no es el centro de la Iglesia Católica. Y así es, si se miran las cifras. Latinoamérica, con Brasil a la cabeza, ya es desde hace mucho el continente más católico del mundo. Sin embargo, es en África y en Asia donde le número de fieles está aumentando. Pero hay que desconfiar de esta ilusión óptica: el centro de las decisiones sigue firmemente anclado en Europa y los modelos de formación de la jerarquía, las acciones pastorales dirigidas a los fieles y la evangelización siguen siendo principalmente tributarias del legado del catolicismo europeo. En otras palabras, el cuerpo de la Iglesia Católica bascula por el Sur, pero se encuentra aún bien anclada en el Norte…
En el seno de la Iglesia Católica, se perciben los efectos más negativos de la globalización liberal, como vector de una secularización que ha minado la influencia católica, y más ampliamente la cristiana, en las sociedades europeas. En este contexto, la geopolítica de la Iglesia Católica se asienta sobre la afirmación, a la vez de identidad y de misión, de una contracultura alternativa: la promoción del humanismo integral cristiano frente al relativismo (moral y espiritual) y al utilitarismo (técnico y mercantil) de una globalización secularizada. En este frente, desde Juan Pablo II, la Iglesia Católica ha apostado fuerte por el diálogo ecuménico con otras ramas del cristianismo, así como por el diálogo interreligiosos, principalmente con el Islam, para unir a las grandes religiones contra la amenaza de la secularización.
En esta estrategia llevada a cabo por la diplomacia del Estado Vaticano no se duda en enfrentar, en el seno de las instituciones internacionales, a los países del Sur, incluidos los musulmanes, y a los del Norte, cuando se trata de defender valores tradicionales (morales y familiares) frente a la propagación planetaria de modelos libertarios occidentales (1). Lo mismo ocurre cuando se trata de apoyar la denuncia de las injusticias y la desestructuración social engendradas por la globalización. Pero la Santa Sede romana también se centra de forma importante en las Iglesias Católicas del Sur menos afectadas que las del Norte por lo que Benedicto XVI llama la “secularización interna” (descenso en picado del número de practicantes habituales y de vocaciones, distancia frente a la moral tradicional…). El Vaticano presta mucha atención a las “Iglesias emergentes”, aún jóvenes, puesto que representan un potencial susceptible de revitalizar el catolicismo europeo, con el tiempo, y más globalmente el occidental, que muestra señales de cansancio.

Brasil: el desafío de los evangélicos
Este contexto general nos permite comprender mejor la posición romana frente a las potencias emergentes, como Brasil, el país más católico de la muy católica Latinoamérica. Pero, ¿por cuánto tiempo? La pujanza de las iglesias evangélicas parece imparable. Como cabeza de una Iglesia donde la base sigue estando muy comprometida a favor de la justicia social, Benedicto XVI comunicó el 8 de enero de 2007 su satisfacción frente a la evolución brasileña calificada como “determinante” para llegar a “vencer la pobreza” y “garantizar la estabilidad institucional” (2). Sin embargo, dirigiéndose a varios países del continente, entre ellos Brasil, que tienen como proyecto igualar la unión homosexual, el Papa también denunció “el riesgo de que el ejercicio de la democracia se transforme en la dictadura del relativismo al proponer modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y la dignidad del hombre…”. Una evolución muy inquietante porque minaría una estrategia de reconquista moral basada en los países y las Iglesias del Sur.
La expansión de las iglesias evangélicas, constituye la otra preocupación principal, pese a que la mayoría son muy cercanas a la postura moral del Vaticano. Sobre todo porque la Iglesia Católica brasileña parece verse algo afectada por el amplio éxodo: un 83% de brasileños católicos en 1991, frente al 67% de la actualidad (3). Se estima la pérdida, frente a los evangélicos en un 1% de fieles al año en un país que cuenta con dos pastores, normalmente evangélicos, por cada sacerdote católico. Para responder a este desafío, se ha innovado desde la base, como suele ser el caso, con el boom de las comunidades carismáticas, cuya figura emblemática es la del “sacerdote-cantante” Marcello Rossi, predicador y curandero, tanto en estadios como en la televisión. Pero este retomar de fórmulas evangélicas probablemente no sirva para frenar la erosión católica en un Brasil ganado por el pluralismo religioso.
Otro motivo de inquietud es la ausencia de una auténtica estrategia por parte de la Iglesia brasileña, que sigue siendo un modelo para las Iglesias Católicas de Latinoamérica, igualmente confrontadas, aunque en distintos grados, a las mismas dificultades. En el contexto paradigmático brasileño donde, al igual que en el resto del continente, los problemas sociales son de lejos los más acuciantes, será interesante ver cuál será la orientación adoptada en la próxima Asamblea General Episcopal Latinoamericana que se celebrará del 13 al 21 de mayo de 2007 en el santuario mariano de Aparecida (Estado de Sao Paulo) y que inaugurará Benedicto XVI en persona. En el Vaticano, ya se oye menos decir que Latinoamérica es el futuro de la Iglesia católica.

La esperanza africana
La Iglesia, ¿puede entonces contar con África? En cierta medida. Es efectivamente en este continente, así como en Asia, donde progresa hoy en día el cristianismo. Pero se trata principalmente del protestante y del evangélico. Habrá que seguir, aquí también, la evolución de la consulta de los episcopados africanos (que durará hasta 2008) en preparación a la segunda Asamblea Especial para África del sínodo de obispos. Con el título La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz, el documento de base mira hacia el futuro. Pero, ante todo, plantea interrogantes: “¿Cómo apoyar los cambios de comportamiento necesarios para cambiar el destino de África (…)? ¿Cómo anunciar el Evangelio en un África marcada por el odio, las guerras y las injusticias?” (4).
Sobre un plano estrictamente geopolítico, la Santa Sede espera mucho de la República de Sudáfrica. “Uno de los países más influyentes del continente”, como reconoció recientemente Benedicto XVI, instándole a “mantener una voz fuerte en el seno de la comunidad internacional”, en lo que respecta principalmente a “la eliminación o la reducción de la deuda externa, la construcción de la paz en la región y la ayuda a otras naciones para la consolidación de programas económicos y sociales eficaces” (5). Minoritaria, pero fuerte en su compromiso contra el apartheid, la Iglesia Católica sudafricana, de la que un 80% de los fieles son negros, conserva un peso evidente en el país, aunque no pudo impedir la legalización de la unión entre homosexuales… Sin embargo, puede influir en otras Iglesias Católicas africanas que siguen dependiendo en gran medida del apoyo de los recursos financieros y humanos que aportan las Iglesias del Norte, sobre todo para la formación del clero. Además, proporcionan a las Iglesias del Norte un número creciente de sacerdotes, aunque a ellas les empiezan a faltar, sobre todo para resistir, una vez más, el avance de las iglesias evangélicas cada vez más independientes, cuya expansión se ve apoyada por las misiones evangélicas norteamericanas. Nuevamente, la Iglesia romana no sale ganando en el pulso de fuerza (6).

Cristianismo asiático y modernidad
El proselitismo evangélico ha invertido, con el mismo éxito, en Asia, incluyendo la India y China. Un Asia, especialmente el Asia oriental (Corea del Sur, Singapur), donde el cristianismo se beneficia de una imagen muy positiva, principalmente entre las clases medias que la asocian a la modernidad y a la prosperidad occidental. Lo mismo ocurre en el caso de los “cristianos culturales” de China, frecuentemente intelectuales, para los que el cristianismo es sinónimo de democracia. El gigante asiático, que cuenta con alrededor de 12 millones de católicos (frente a los 30 a 60 millones de protestantes) está en pleno contencioso con el Vaticano: el régimen chino desdeña la libertad religiosa. Pero el contexto juega más bien a favor de Roma: la presión de Estados Unidos y el escaparate de los Juegos Olímpicos de 2008. Para garantizar la permanencia católica en China, la Santa Sede estaría dispuesta a llegar a un acuerdo, un tipo de concordato (7), que le permitiera completar la unión de las dos ramas católicas locales: la oficial, controlada por las autoridades chinas, pero envejecida y más bien tradicional, y la “clandestina”, más atraída por el dinamismo eclesial de los evangélicos.
Al igual que China, la India recibió una reprimenda de Benedicto XVI el pasado 8 de enero por frenar la libertad religiosa, garantizada, sin embargo, en su Constitución. La causa, los actos violentos, en ocasiones mortales, de los que son víctimas los cristianos a manos de extremistas hindúes y las leyes “anti-conversión” adoptadas por varios Estados indios. Sin embargo, el cristianismo permanece muy minoritario en la India (un 2,5% de la población). El grueso de sus filas proviene principalmente de los excluidos del sistema de castas, los Dalits (“intocables”) y de las minorías étnicas tribales. Sin embargo, el cristianismo se encuentra más sólidamente implantado y con más influencia en China. Esto resulta especialmente evidente en el caso de la Iglesia Católica (alrededor de 15 millones de fieles, es decir un 1,8% de la población) que gestiona un número importante de instituciones muy eficaces en el ámbito educativo (desde la educación primaria hasta la universitaria), así como en el ámbito de la salud.
La atención que presta el Vaticano a la evolución de la India se comprende mejor a la luz de los recursos locales de esta joven Iglesia. Puesto que también está dotada de sólidas instituciones (las más importantes después de las de Filipinas, el país más católico de Asia) en materia de formación de sacerdotes, religiosos y religiosas, cuyos números son los que más aumentan dentro de la Iglesia Católica. A modo de ejemplo, una cuarta parte de las vocaciones jesuitas provienen en la actualidad de la India, donde la Iglesia dispone de tres institutos misioneros, principalmente dirigidos hacia Asia. Por esta razón, se considera que esta Iglesia emergente es la que cuenta con el mayor potencial para el crecimiento de la Iglesia Católica. Sin embargo, al igual que el conjunto de las iglesias asiáticas, aún es poco influyente para el catolicismo en el sentido transnacional. Hay que resaltar, puesto que es más que un símbolo, la llegada de Monseñor Iván Dias, arzobispo de Bombay, a la cabeza de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Juan Pablo II había predicho acertadamente que, para la Iglesia Católica, el siglo XXI sería el de Asia…
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(1) Sobre este tema, véase Géopolitique du christianisme, Blandine Chélini-Pont y Raphaël Liogier (eds.), Ellipses, 2003.
(2) Discurso ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
(3) Véase “Panorama religieux du Brésil ”, documento episcopal brasileño, Documentation catholique, n° 2338, 19 de junio de 2005.
(4) Documentation catholique, n° 2365, 1 de octubre de 2006.
(5) Discurso al nuevo embajador de Sudáfrica ante la Santa Sede, 1 de diciembre de 2005.
(6) En la actualidad, dos tercios de los misioneros cristianos en el mundo son protestantes, principalmente evangélicos.
(7) Sin embargo, sigue sin haber ninguna relación diplomática oficial entre China y el Vaticano.