De cara a la globalización,
el mundo árabe se divide. Algunos Estados navegan en la modernidad
mientras otros se ven duramente castigados por la competencia de los
países emergentes. Y todo esto en el contexto del espectacular
aumento de poder del islamismo. El statu quo no es una opción
para Bassma Kodmani. Entrevista.
Enjeux internationaux :
A menudo se describe el mundo árabe como una región desbordada
por la globalización y abrumada por graves desventajas económicas
y políticas. ¿Qué lugar ocupa el mundo árabe
en el nuevo atlas mundial que resalta el aumento espectacular de poder
de los países emergentes?
Bassma Kodmani:
¡Pero si hay países árabes que forman parte de los
países emergentes! Efectivamente, hay que distinguir entre los
países exportadores de petróleo y los países no
petroleros y, dentro de estos últimos, entre los que están
industrializados y los que no. Los países del Golfo están
objetivamente integrados en el proceso de la globalización e
influyen en los flujos financieros internacionales, especialmente tras
el último boom espectacular del precio del petróleo. Sus
importantes recursos les permiten sentarse a la mesa de los grandes,
presentar su candidatura ante la Organización Mundial del Comercio
(OMC) y participar en las grandes negociaciones financieras internacionales.
Sus dirigentes son considerados miembros de una nueva élite educada
al estilo anglosajón, lo que es cierto en el 90% de los casos.
Aficionados a la modernidad e inspirados por el modelo de sociedad anglosajona,
consideran tener los medios financieros e intelectuales para embarcarse
en proyectos con Occidente, como demuestra la cooperación con
universidades norteamericanas que abren campus en la región.
Para afianzar tal percepción, estos países se han lanzado
también al mecenazgo a la americana. No se trata ya de una acción
caritativa, como pretende la tradición musulmana, sino de una
filantropía institucionalizada que financia proyectos tanto en
el terreno cultural como en el universitario (museos, investigación…).
Sin embargo, los
países del Golfo tienen una apariencia frágil. La presencia
de fuertes minorías religiosas en un contexto de confrontación
entre sunitas y chiíes, y el recurso masivo a la mano de obra
inmigrante pueden representar riesgos reales para el modelo que usted
describe.
Algunos de dichos países tienen una población poco numerosa.
La cuestión social ni se plantea: hay trabajo para todo el mundo.
Las diferencias existen, pero todavía no han hecho que se cuestione
el modelo de producción. Evidentemente, si éste se desmoronase
aparecerían los problemas. Sin embargo, para evitar tal situación,
los emiratos han iniciado una diversificación masiva pasando
directamente de la extracción de petróleo a la economía
de servicios (hostelería, banca, finanzas), a la tecnología
punta, a los medios de comunicación y a los centros de conferencias.
Hoy en día, en países como Bahrein o el Emirato de Dubai,
los servicios son ya más importantes que el petróleo.
La región se concibe como un centro de redes del conocimiento.
Con ello, parece responder al choque provocado por el informe del PNUD
? sobre la “sociedad del conocimiento” como punta de lanza
de la modernización e intenta remediar la situación.
Dicho esto, estos países deben cuestionarse su política
con respecto a los trabajadores inmigrantes. Es inconcebible que después
de tantos años de residencia continúen sin derechos. ¿Cómo
va a ser posible integrarlos con normalidad sin cuestionarse la naturaleza
del poder político? Es mucho lo que está en juego.
¿Y la cuestión
religiosa?
Queda ahogada por la riqueza. La puesta en marcha de una modernización
rápida, fundada en la economía del conocimiento, se concibe
como un medio de lucha contra los conservadores. Asistimos por lo tanto
a una verdadera carrera contrarreloj para vencer a las fuerzas reaccionarias.
¿Se compromete
también Arabia Saudí en este sentido?
Arabia Saudí es más prudente porque allí las instituciones
religiosas son muy poderosas y porque tiene problemas para lograr una
seguridad nacional autónoma que los Estados pequeños del
Golfo no tienen, puesto que se confían totalmente a Estados Unidos
en este aspecto. Sin embargo, asistimos al aumento de la fuerza, en
el seno de la familia real, de una generación joven que tiene
una auténtica visión para los intereses estratégicos
de futuro. El rey mismo sabe que los precios del petróleo pueden
caer y cuenta también con el fin de la era del petróleo
y la necesidad de pasar a otra forma de economía de servicios.
Su deseo de modernización pasa incluso por un cierto aumento
de los derechos de la mujer en campos donde los espacios se abren: la
educación y el empleo. Cada vez hay más mujeres que son
empresarias o responsables de sindicatos. A las fuerzas conservadoras
les cuesta trabajo enfrentarse al rey.
El régimen quiere diversificar sus relaciones comerciales, diplomáticas
y estratégicas. Arabia se orienta hacia China y negocia contratos
comerciales en la India. Estados Unidos se ha convertido en una carga
demasiado pesada, ya que suscita fenómenos como Bin Laden. Al
haber negociado la reducción de las fuerzas norteamericanas estacionadas
en Arabia Saudí y su retirada a ciertos enclaves, Arabia parece
haber recobrado su libertad, si bien continúa moderando el mercado
petrolífero para proteger los intereses de los países
importadores.
¿Es China
una aliada o una rival en este contexto?
Para algunos países China representa un peligro importante. En
Egipto y, en cierta medida, en Jordania, la invasión de productos
chinos provoca el cierre de fábricas y el aumento del desempleo
y la pobreza. La situación a largo plazo es una bomba de relojería.
Estos países han adquirido compromisos comerciales con la Unión
Europea y sufrirán una tremenda y profunda crisis en este mundo
de libre cambio.
De hecho, Egipto es un país que vive a dos velocidades. Cuenta
con una élite formada por una centena de personas, vinculadas
a Estados Unidos y que trabajan en multinacionales egipcias, que se
proyecta en un mundo de potencias emergentes en el que cree tener su
lugar. Situación irreal donde las haya. El liderazgo político
está totalmente “divorciado” de su opinión
pública. El régimen, tildado a menudo de “racismo
antipobreza”, ha elegido la liberalización y la privatización,
mientras la población espera todavía un Estado-Providencia.
Este ejemplo se aplica a otros países árabes, especialmente
a Marruecos, donde domina una élite francófona, modernizadora,
laica y a la que estorban tanto las “masas ignorantes” como
a la élite egipcia.
Hay quien evoca un
modelo chino para el mundo árabe…
Efectivamente, ese modelo atrae a los países árabes, ya
que permite el crecimiento económico sin reformar el poder político
y desacredita el modelo occidental que se basa en el vínculo
entre la apertura económica y la política.
¿No supondrá
Irak un grave lastre para la seguridad de la región y sus posibilidades
de despegue económico?
El riesgo es real y los países vecinos se preguntan cómo
protegerse de una crisis incontrolable. Arabia Saudí construye
un muro a lo largo de sus fronteras, pero los países pequeños
del Golfo no han escogido un sistema de defensa verosímil. Sus
ejércitos son débiles y entre ellos no existe una coordinación
real, por lo que estos Estados confían en Estados Unidos para
su defensa externa y, a menudo, en compañías privadas
para su protección interna. Este sistema se mantendrá
mientras Washington tenga intereses petrolíferos o financieros
vitales en la zona.
¿No queda
comprometida la posibilidad de apertura política del mundo árabe
por el peligro islamista?
Estamos ante la cuadratura
del círculo: si abrimos el sistema político, abrimos la
puerta a los islamistas; si mantenemos el autoritarismo, fortalecemos
a los islamistas. En realidad, el sistema político actual produce
islamismo. En un contexto autoritario y privado de un pluralismo real,
los islamistas son los únicos se ocupan de los problemas sociales.
Lo que no quiere decir que propongan un modelo económico coherente
o convincente. En todo caso, no cuestionan el modelo económico
de mercado.
El islamismo es un movimiento social que se ha convertido en partido
político. Los otros partidos de la oposición se interesan
únicamente por las reformas políticas, las leyes electorales
y los cambios constitucionales, bien desde la perspectiva del reparto
de poder o bien para superar los obstáculos. Sin embargo, y esa
es su gran debilidad, casi no tienen un programa social.
Conclusión:
¿no tocar el statu quo y preservar los sistemas autoritarios
puesto que la alternativa sería algo peor?
Conclusión errónea. Al contrario, se requiere tanto la
apertura, como aceptar integrar a los islamistas estableciendo condiciones
de adhesión a principios democráticos fundamentales: respeto
a la naturaleza del Estado, a la diversidad religiosa, étnica,
lingüística, a las minorías. Cada vez hay más
movimientos islamistas moderados que se comprometen con la causa.
Conversación recogida
por Jean-Paul Marthoz.
Cuando el PNUD suscita
la controversia
Desde 2002, el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo)
viene publicando numerosos informes sobre el desarrollo humano y la
gobernanza en el mundo árabe. Muy críticos respecto a
diversos poderes establecidos, estos informes han suscitado una intensa
polémica. El informe de 2003 llevaba por título Hacia
una sociedad del conocimiento y la edición de 2005 abordaba el
tema de la promoción de la mujer.
Para más información
Arab Reform Initiative (ARI): una red de 10 centros de estudios árabes
que se han puesto como objetivo, en cooperación con 4 institutos
europeos y un instituto estadounidense, promover “un programa
de reforma democrático definido por el mundo árabe”.
Cuenta, en particular, con el Centro Al Ahram de Estudios Estratégicos
(ACPSS, El Cairo), el Centre d’études et de recherches
en sciences sociales (Marruecos), el Centro Palestino de Investigación
Política y Encuestas (Ramallah), el Centro Libanés de
Estudios Políticos (Beirut), la FRIDE (Fundación para
las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, Madrid),
el Centro para la Reforma Europea (Londres) y la Fundación Helénica
sobre Política Europea y Exterior (ELIAMEP, Atenas). www.arab-reform.net