Puede que China
sea la cuarta economía mundial, pero no cuenta en su haber con
éxitos como Harry Potter o El Código Da Vinci. “Eso
va a cambiar”, anuncian las autoridades. Descubrimiento.
“Tenemos un gran déficit
en el ámbito cultural”, reconocía en mayo de 2006
Zhao Qizheng, ex Director de la Oficina de Información del Consejo
de Estado. El gobierno chino tiene intención de cambiar las cosas.
Para Pekín, el próximo paso en su trayectoria como potencia
se centrará en el desarrollo del sector cultural.
Con los Juegos Olímpicos 2008 como fecha clave, los próximos
años deberían ofrecer a China la ocasión de demostrar
que es mucho más que la fábrica más grande del
planeta. “Ya es hora de que el resto del mundo nos comprenda mejor”,
declara Du Ruiquing investigador de la Universidad de Estudios Internacionales
de Xi’an. El gobierno de Pekín está bien decidido
a emplear sus producciones culturales para mejorar su imagen en el exterior,
dentro del marco de una estrategia diplomática global en la que
se ha marcado el objetivo de presentarse como una “potencia suave”
y diferenciarse de Estados Unidos, cuya actitud es percibida como brusca
y autoritaria.
En los pasillos diplomáticos de Latinoamérica a Asia,
pasando por África, los políticos chinos han intentado
promover la imagen de un país armonioso y enamorado de la paz,
guiado en la ética por los valores confucianos de la aceptación
universal y la coexistencia pacífica. La cultura desempeña
un papel importante en este proceso de persuasión.
“Para ser global, China debe perfeccionar su política cultural
y reconstruir la imagen de la cultura china”, apuntaba ya en el
año 2005 un editorial del Diario del Pueblo, instrumento del
partido comunista chino, que abogaba a favor de la creación de
productos culturales “made in China”. “China es incapaz
de crear productos culturales comparables a las telenovelas coreanas,
los mangas japoneses o las películas de dibujos animados de Disney”,
se lamentaba el periódico.
Hoy en día,
la India es el mayor productor de cine del mundo. Aunque la mayoría
de las producciones de Bollywood (contracción de Bombay y
de Hollywood) se conciben para el inmenso mercado nacional y son
muy similares entre sí, se exportan igualmente a todo el
mundo, mucho más allá de los círculos de la
diáspora india. Las películas indias cuestan de media
30 veces menos que las producciones de Hollywood.
Brasil, por su parte, exporta sus famosas telenovelas, las series
interminables producidas por el gigante TV Globo, a numerosos países
latinoamericanos, pero también a África. En este sector,
Brasil compite sobre todo con México, patria del culebrón.
Aunque estas producciones del Sur rivalizan con Hollywood y aportan
una cierta diversidad cultural, se inscriben igualmente en un enfoque
esencialmente comercial que acentúa el mercantilismo de la
cultura. |
La enseñanza
del mandarín
Con el fin de apoyar la propagación de la cultura china por el
mundo, los gurús culturales del país han lanzado una campaña
masiva de divulgación de la lengua china. Pekín ha anunciado
su intención de crear 100 Institutos Confucio en el extranjero,
con el fin de ayudar a los extranjeros a aprender el mandarín.
Según el Ministerio de Educación, cerca de 40 millones
de personas están aprendiendo chino en todo el mundo. Se espera
que esta cifra alcance los 100 millones en 2010. Incluso en China, el
número de extranjeros que se encuentran aprendiendo chino ha
pasado de los 36.000 de hace diez años, a los 110.000 actuales.
A medida que se divulga el idioma, la ofensiva cultura se va concentrando
en el sector editorial. Los funcionarios están en plena búsqueda
de un título de éxito que posicione a China de forma clara
en el mapa literario y que lleve a los editores extranjeros a pujar
alto para conseguir los derechos de traducción.
El año pasado se pudo entrever lo que podría pasar en
uno de los mercados más dinámicos del mundo: Penguin Books
batió un récord chino al adquirir por la suma de 100.000
dólares los derechos de publicación en inglés del
bestseller literario de Jiang Rong, El tótem del lobo.
Para Pekín las películas, la música o las artes
plásticas pueden convertirse claramente en artículos de
exportación lucrativos y tiene la intención de rivalizar
con Japón y Corea del Sur como “creador de tendencias”
en la cultura popular asiática. En la actualidad, según
cifras del Ministerio de Cultura, el sector cultural de Japón
y Corea del Sur representa un 13% del mercado internacional, frente
al 6% de China y el conjunto del resto de países asiáticos.
Los funcionarios chinos están convencidos que después
de haberse lanzado en la industria manufacturera, la próxima
oportunidad de oro para los inversores extranjeros será el mercado
cultural chino. En el año 2004, el valor añadido total
del sector cultural ascendía a 42.000 millones de dólares,
es decir un 2% del PIB de China. Hoy en día, cerca de 10 millones
de chinos trabajan en este sector.
El renacer de las
tradiciones
Durante los largos años del reinado de Mao Tse Toung (1949-1976),
el partido comunista chino incitaba al pueblo a destruir las “cosas
viejas”: trajes, festivales, creencias, tradiciones. Ahora, el
potencial de la cultura y la atracción que ejerce sobre millones
de turistas ha llevado a un auténtico renacimiento en China.
En el año 2006, el Consejo de Estado decretó una Jornada
del Legado Cultural. Además, se ha elaborado una lista de tradiciones
“en peligro”, incluyendo distintos tipos de artesanía
ancestral y rituales de festivales. Se espera la apertura de nuevos
museos y centros de atracción cultural antes de los JJ.OO. de
2008.
Sin embargo, algunos intelectuales apelan a la prudencia. “Estoy
plenamente a favor de productos culturales fabricados en China”,
confiesa el escritor Hong Ying. “Sin embargo, no quiero que se
vean manipulados para servir a una nueva campaña política.
Si los dirigentes chinos quieren realmente promover la cultura, deberían
abolir la censura con el fin de que las ideas libres puedan florecer
y cientos de pensamientos diferentes encontrarse.”
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