China y la India
son responsables, en gran parte, de la explosión del precio del
petróleo. Su fulgurante crecimiento económico aumenta
de forma considerable su consumo de hidrocarburos. Los dos países
se encuentran en todos los frentes de las nuevas guerras por el oro
negro. Análisis.
Estos tres últimos
años se han visto marcados por un aumento regular del precio
de las materias primas, en particular el de los hidrocarburos. El barril
de Brent? ha incrementado su valor en un 40% entre septiembre de 2004
y septiembre de 2006, cuando llegó a 65 dólares. Son varios
los factores que mantienen la tensión en los precios: la situación
caótica en Oriente Medio, la inestabilidad política en
Venezuela y en Nigeria, inversiones insuficientes en la capacidad de
refinado o incluso previsiones especulativas. Pero esta crisis petrolífera
latente se explica ante todo por el desarrollo económico de China
y la India, responsables de más de un tercio del aumento del
consumo mundial desde el año 2000. En la actualidad, China y
la India, respectivamente segundo y sexto consumidor mundial de petróleo,
se encuentran en una situación preocupante, porque su dependencia
frente a las importaciones no hace más que empeorar. China importa
petróleo desde 1993 y el porcentaje de adquisición en
el extranjero ha pasado del 30% de su consumo total en 2000 al 50% actual.
La situación de la India es igual de inquietante. Pese a que
el país sigue siendo muy pobre (su parque automovilístico
no representa más de un tercio del de China), el 70% del petróleo
que consume proviene de fuera. En el ranking de importadores mundiales
de petróleo, China ocupa el tercer puesto detrás de Estados
Unidos y Japón, y la India ya ha alcanzado el noveno. Esta sed
de oro negro, junto con la guerra en Irak y la inestabilidad en Arabia
Saudí, han movido a Pekín y a Nueva Delhi a iniciar una
estrategia de diversificación y dirigirse a Asia Central, África
y Latinoamérica para aprovisionarse de petróleo.
Asia Central como
objetivo
Desde principios de los años 90, los recursos de hidrocarburos
de las repúblicas de Asia Central de la ex Unión Soviética
han despertado el interés de las grandes potencias. China ha
establecido una relación especialmente estrecha con Kazajstán.
En menos de diez años, las empresas petrolíferas chinas
han logrado resultados significativos. En junio de 1997, la China National
Petroleum Company (CNPC1) se ha hecho con los derechos de explotación
de varios campos petrolíferos en Aktyubinsk (al noroeste de Kazajstán).
Más recientemente, en diciembre de 2005, se puso en funcionamiento
el último tramo de un inmenso oleoducto de más de 3.000km
de largo que lleva el petróleo del Mar Caspio de Atyrau a Alashankou,
en la provincia de Xinjiang.
Las relaciones petrolíferas con Rusia se han visto marcadas por
numerosas vicisitudes. A priori, la proximidad geográfica de
Rusia – segundo exportador mundial de petróleo –
y de China debería favorecer el entendimiento. Sin embargo, Moscú
no disimula su reticencia a convertirse en socio petrolífero
de su inmenso vecino. Y los contratos firmados con ocasión de
la visita de Vladimir Putin a Pekín, en marzo de 2006, se quedan
por debajo de las expectativas chinas. Rusia teme el poder de China
en el futuro y ve a Japón como un cliente más fiable.
Estas consideraciones explican los múltiples cambios de Moscú
en el proyecto de la construcción de un oleoducto de 2.400km
que unirá Angarsk (en Siberia) con Daqing, en China. Por otra
parte, la presencia de la India en esta región de Asia Central
sigue siendo limitada. La situación conflictiva con Pakistán
impone a Nueva Delhi una cierta prudencia en su cooperación con
países musulmanes, aliados objetivo de Islamabad. Los proyectos
para el transporte de hidrocarburos desde Turkmenistán hacia
la India han quedado suspendidos a la espera de una mejora de la situación
política en Afganistán, vía de paso obligatoria.
Intereses en África
Progresivamente, Pekín y Nueva Delhi han empezado a dirigir su
mirada a África y a Latinoamérica. El continente negro,
que posee un 9,4% de las reservas mundiales de petróleo, es decir
un potencial comparable al de Irak, suministra hoy en día un
11,4% de la producción de petróleo2. A finales de los
años noventa, China y la India han comenzado a realizar inversiones
petrolíferas en Estados al margen de la comunidad internacional
como Sudán, Libia y Angola. En Sudán, CNPC se ha asociado
con la empresa india ONGC (Oil and Natural Gas Corporation) en el marco
de un consorcio, la Greater Nile Petroleum Operation Company (GNOPC),
con el fin de explotar los yacimientos de hidrocarburos en El Muglad,
en el Sur del país. Estas inversiones han permitido a Sudán
duplicar su producción desde hace cinco años.
El siguiente paso de las empresas chinas e indias ha sido realizar exploraciones
geológicas en zonas menos codiciadas. Aunque, por el momento,
los resultados son modestos, tanto Pekín como Nueva Delhi no
descuidan a ningún proveedor potencial. SINOPEC ha realizado
prospecciones en Níger, Mauritania, así como en Malí,
donde se han identificado algunos yacimientos sin explotar que se convierten
en rentables con la apreciación del precio del petróleo.
Por su parte, la India aumenta las prospecciones, especialmente en los
países de África Oriental y Central a los que la unen
unas estrechas relaciones económicas, gracias a la presencia
de fuertes minorías indias. En marzo de 2006, ONGC obtuvo el
derecho de realizar exploraciones geológicas en la zona económica
exclusiva de Isla Mauricio. Recientemente, empresas indias han invertido
en Costa de Marfil, Gabón, Guinea Bissau y Ghana. En la actualidad,
el continente negro (principalmente Angola y Sudán) proporciona
un 30% de las importaciones petrolíferas de China y un 20% de
las de la India.
Alianza con Hugo
Chávez
Con un 9,7% de las reservas mundiales de petróleo, Latinoamérica
es igualmente objeto de deseo para Pekín y Nueva Delhi. Por el
momento, la presencia de China en el sector de los hidrocarburos es
limitada. Aunque China es el tercer comprador de petróleo en
Latinoamérica, se sitúa aún muy lejos de Estados
Unidos3. Pekín ha establecido una relación estrecha con
Venezuela, un actor petrolífero de primer orden que cuenta con
un 6,6% de las reservas mundiales de petróleo (sexto en el ranking
mundial).
En diciembre de 2004, y posteriormente en agosto de 2006, el presidente
Chávez, en visita oficial a Pekín, firmó varios
acuerdos de cooperación económica y comercial con Hu Jintao.
El volumen de las exportaciones de petróleo de Venezuela a China
no deja de aumentar. En el segundo semestre de 2006, Caracas proporcionó
alrededor de un 5% de las importaciones petrolíferas de Pekín.
Aunque Venezuela se conforma como la piedra angular de la estrategia
petrolífera de China, no por ello se descuida a otros productores
más modestos, como Ecuador o Perú. La presencia de la
India en Latinoamérica es más comedida, aunque se aprecia
una clara progresión de los flujos comerciales. ONGC ha concentrado
sus esfuerzos principalmente en Venezuela y Cuba. La visita del presidente
Hugo Chávez a Nueva Delhi en marzo de 2005 permitió la
firma de varios contratos. En septiembre de 2005, ONGC se asoció
con la empresa española Repsol YPF y con la noruega Norsk Hydro
para la explotación de los yacimientos offshore de Cuba.
Petróleo a
cambio de apoyo diplomático
China y la India cuentan con una verdadera estrategia petrolífera.
En África, a cambio de contratos petrolíferos de larga
duración, Pekín ofrece la construcción de infraestructuras
de carreteras, así como ferroviarias o hidráulicas a tarifas
preferenciales. En Angola, China va a construir varios millares de viviendas
en Luanda y va a renovar la línea ferroviaria CFB (Chemin de
Fer de Benguela) que une Benguela y Luau, en la frontera de la República
Democrática del Congo.
Pekín quiere igualmente
ofrecer a sus proveedores de hidrocarburos un valioso apoyo diplomático.
Las relaciones entre China y Sudán son un ejemplo claro. En los
dos últimos años, Pekín ha amenazado en varias
ocasiones con emplear su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de
la ONU para oponerse a la adopción de sanciones políticas
y “petrolíferas” contra Sudán a raíz
del conflicto en Darfur. Dichas amenazas han obligado al Consejo de
Seguridad a moderar el texto de las resoluciones propuestas. Numerosas
capitales africanas ven en China a un protector menos exigente que Occidente,
puesto que Pekín se guarda bien de cuestionar la naturaleza de
sus regímenes políticos.
Por su parte, la India no dispone de los medios financieros y diplomáticos
de China e intenta promover una auténtica colaboración
mutua con los países africanos y latinoamericanos. Mientras que
Nueva Delhi fomenta el traspaso de tecnologías, frecuentemente
se percibe a China como un predador que solo está interesando
en extraer materias primas. Las empresas farmacéuticas indias
como Ranbaxy son las proveedoras principales de moléculas genéricas
a África, un mercado abandonado por los laboratorios occidentales
por ser poco rentable. El grupo Tata, por su parte, cuenta con filiales
en toda la región, entre otras una planta de montaje de vehículos
en Zambia.
Esta conquista de la energía tiene igualmente implicaciones militares
y diplomáticas. Con Angola, Venezuela o Cuba, sus principales
proveedores de hidrocarburos, Pekín establece también
relaciones militares, que se traducen en la entrega de material, y que
probablemente se van a reforzar aún más. Hugo Chávez
se beneficia del apoyo de China para su candidatura a miembro no permanente
en el Consejo de Seguridad de la ONU. La influencia de China en Latinoamérica
ha sido identificada como una auténtica amenaza para Washington4.
La presencia de China sirve de contrapeso a la influencia de Estados
Unidos y favorece los deseos vagos de emancipación y de desafío
frente a Washington, como se pudo ver en la Cumbre de Mar del Plata
en noviembre de 2005 en Argentina, donde se rechazó el proyecto
de Zona de Libre Comercio de las Américas propuesto por George
Bush. Esta rivalidad petrolífera consolida igualmente los regímenes
autocráticos como el de Idriss Deby en Chad, que, a través
de las relaciones diplomáticas con la RPC, el pasado mes de agosto,
ha recibido un nuevo impulso. Estados Unidos, igualmente deseoso de
reducir su dependencia frente a Oriente Medio, ha empezado a sentirse
agraviado por esta diplomacia petrolífera de Pekín y Nueva
Delhi. Según el informe Cheney5, Washington desea que su porcentaje
de importaciones del Golfo de Guinea pase de un 15% a un 25% de aquí
a 2015. Una ambición que podría verse contrariada.
África, Latinoamérica y Asia Central son escenario de
una auténtica guerra de influencia entre Estados Unidos, la India
y China, que serán, probablemente, las tres potencias económicas
principales de mediados del siglo XXI. Esta competición energética
conlleva repercusiones mayores. Lejos de favorecer el desarrollo, la
economía petrolífera nutre con frecuencia la corrupción,
reaviva los conflictos fronterizos en las zonas petrolíferas
y agrava la dependencia frente a las materias primas6. Poco deseosa
de participar en esta confrontación, la Unión Europea
prefiere establecer una cooperación energética con Rusia,
que ya le proporciona un tercio de sus importaciones petrolíferas.
Nota
Nombre de un yacimiento petrolífero descubierto en 1971 en el
Mar del Norte, el Brent sirve como petróleo de referencia a nivel
mundial. Su precio determina el del 60% de las extracciones de petróleo
de todo el mundo.