En materia de medio
ambiente la tierra es una. Lo que pasa en China tiene lugar en el resto
del planeta. En lo bueno y en lo malo.
CEl pasado mes de junio,
el Ministro de Obras Públicas de China decretó que todas
las ciudades del país debían recuperar el carril bici,
suprimido estos últimos años para dar paso al coche. Todos
los funcionarios fueron informados que debían acudir a su lugar
de trabajo en bicicleta o en transporte público.
Al parecer, el Ministro está determinado a devolver a China su
muy preciado título mundial de “Reino de las bicicletas”.
Aún así, tendrá que apretarles las tuercas a algunos
de los alcaldes más poderosos de China para los que el automóvil
se ha convertido en símbolo de éxito económico
y político, por lo que goza de un mayor prestigio que la banal
bicicleta. En Pekín, cada día circulan 1.000 coches nuevos,
empeorando un atasco ya desesperante.
No es más que un ejemplo entre otros del torrente aparentemente
sin fin de estadísticas llamativas que nos llegan de China. El
tamaño del país sigue dejando con la boca abierta al resto
del mundo. Y para cualquier persona apasionada por el desarrollo económico
sostenible, lo que pasa en China constituye el tema de actualidad más
importante del mundo.
Si un 10% de los 60 millones de personas que viven en el Reino Unido
opta por reducir un 1% su consumo energético, su acción
apenas se podrá percibir a escala mundial. Pero si un 10% de
los 1.300 millones de chinos emplean su creciente prosperidad para aumentar
su propio consumo energético un 1% al año (a través
de la adquisición de un automóvil, el aumento de consumo
de carne o un apartamento más grande), el mundo tendrá
que prepararse. Este cambio afectaría tanto a europeos como a
chinos. En un mundo interconectado e interdependiente, las emisiones
de dióxido de carbono de China se convierten en nuestras emisiones.
La revancha
Los políticos chinos hablan con un orgullo justificado de sus
grandes logros, en particular haber permitido a más de 250 millones
de personas del entorno rural salir de la miseria más absoluta
y encontrar empleo en una economía en plena bonanza. El nivel
de vida ha mejorado de forma significativa y la esperanza media de vida
ha pasado de los 35 años en 1949, año en el que los comunistas
se hicieron con el poder, a los 72 años de 2004.
Este progreso social proviene principalmente del boom económico,
que se ha situado en una tasa de crecimiento anual de cerca de un 10%
en los últimos 15 años. Pero esta evolución se
ha visto acompañada de una destrucción medioambiental
tal que, en la actualidad, supone una amenaza para el modelo de crecimiento
chino. Ya lo señalaba en el año 2005 la revista Nature:
“A lo largo de los últimos veinte años, las pérdidas
provocadas por la contaminación y los daños medioambientales
representan de un 7 a un 20% del Producto Interior Bruto anual”.
El impacto sobre la salud humana reviste especial gravedad. En China,
se atribuyen cerca de 300.000 fallecimientos a problemas de calidad
del aire. Y el número de casos de cáncer está entre
los más elevados del mundo.
La situación amenaza con empeorar en los próximos años
antes de que se pueda hacer algo para mejorarla. China construye una
central térmica de carbón cada diez días. En el
año 2005, aumentó su producción energética
en cerca de 65.000 megavatios, lo que equivale a toda la capacidad energética
actual del Reino Unido. Además, ya se ha convertido en el segundo
emisor de gases de efecto invernadero y uno de los consumidores de energía
más ineficientes del mundo. Sus emisiones por unidad del PIB
son diez veces mayores a la media de los países desarrollados.
Un apocalipsis ecológico
De nada sirve ponerse una venda sobre los ojos y relativizar: en la
actualidad estamos asistiendo en China a una auténtica apocalipsis
ecológica.
Hay que decir que los dirigentes chinos son los primeros en ser concientes
de este hecho. Hace algunos meses, durante la presentación del
XI Plan Quinquenal, el Primer Ministro Wen Jinbao lanzó un mensaje
excepcionalmente severo: China no podrá seguir ya la vía
de “del crecimiento primero, la resolución de daños
medioambientales después”, un camino, podía haber
añadido, trazado por Occidente. El país deberá
aprender a crecer de forma sostenible, aunque esto signifique crecer
más lentamente.
Los objetivos del gobierno para los próximos cinco años
son impresionantes e incluyen, entre otros, una reducción de
un 10% de todos los contaminantes (principalmente las emisiones de dióxido
de azufre y la demanda de oxígeno químico), así
como una disminución de un 20% del consumo de energía.
El desafío es inmenso. Pero China es capaz de avanzar a gran
velocidad cuando así lo decide: ha eliminado el uso de gasolina
con plomo en menos de dos años (frente a diez años, o
más en el caso del Reino Unido) y, recientemente ha convertido
en obligatorias unas normas de emisión para todos los automóviles
nuevos por lo menos equivalentes a las europeas.
Todo esto garantiza una batalla épica entre los que ven el vaso
medio vacío y los que lo ven medio lleno. Los primeros se fijan
en el patrimonio medioambiental existente y la enorme presión
política y económica que empuja a la economía china
a crecer, cueste lo que cueste, y llegan a conclusiones muy sombrías.
Los segundos no ven por qué China no habría de convertirse
en la nación número uno en términos de eficiencia
ecológica y el lugar elegido para esa “revolución
industrial verde” de la que tanto se les llena la boca a los dirigentes
occidentales. Sin embargo, admiten que para poder llegar a ese punto,
hará falta mucho más que un decreto ministerial para devolver
a la bicicleta a su lugar merecido dentro de la jerarquía de
sistema de transporte “sostenibles”.
Este artículo ha sido
publicado inicialmente en Greening the Dragon: China’s search
for a sustainable future, un suplemento de la publicación Green
Futures.
www.greenfutures.org.uk
www.forumforthefuture.org.uk
El país de todos los récords
“El milagro económico chino acabará pronto porque
el medio ambiente no podrá seguir el ritmo. Cinco de las diez
ciudades más contaminadas del mundo son chinas; lluvia ácida
cae sobre un tercio del territorio; la mitad del agua de siete de los
ríos chinos más importantes es completamente inutilizable;
una cuarta parte de nuestros ciudadanos no tiene acceso a agua potable;
un tercio de la población urbana respira aire contaminado; menos
de una quinta parte de los residuos de las ciudades se trata de forma
ecológicamente sostenible.”
Pan Yue, Secretario de Medioambiente
Para más información
De HESSELLE Laure, “La Chine peut-elle sauver le
monde?” Imagine, septiembre-octubre 2006, pp. 8 -14.
FILOU Emilie, Inside
China – The burning question, World business / Insead, 24 de octubre
de 2006 www.worldbusinesslive.com
MABEY Nick and PARUSHERVA Diana, China’s climate choices, www.e3g.org
L’état
de la planète 2005. Gros plan sur la Chine et l’Inde, Institut
Worldwatch 2006.