China
¿Apocalipsis ecológica o revolución verde?

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Sir Jonathon Porritt
Sir Jonathon Porritt es director y fundador del Forum for the Future, así como presidente de la Comisión para el Desarrollo Sostenible (Reino Unido). Asimismo es el antiguo presidente del Green Party (Partido Verde), ex director de Friends of the Earth, así como autor de numerosos libros y ensayos, entre los que se encuentra Capitalism: As If the World Matters, Earthscan Publications, 2005, 304 páginas.


En materia de medio ambiente la tierra es una. Lo que pasa en China tiene lugar en el resto del planeta. En lo bueno y en lo malo.

CEl pasado mes de junio, el Ministro de Obras Públicas de China decretó que todas las ciudades del país debían recuperar el carril bici, suprimido estos últimos años para dar paso al coche. Todos los funcionarios fueron informados que debían acudir a su lugar de trabajo en bicicleta o en transporte público.
Al parecer, el Ministro está determinado a devolver a China su muy preciado título mundial de “Reino de las bicicletas”. Aún así, tendrá que apretarles las tuercas a algunos de los alcaldes más poderosos de China para los que el automóvil se ha convertido en símbolo de éxito económico y político, por lo que goza de un mayor prestigio que la banal bicicleta. En Pekín, cada día circulan 1.000 coches nuevos, empeorando un atasco ya desesperante.
No es más que un ejemplo entre otros del torrente aparentemente sin fin de estadísticas llamativas que nos llegan de China. El tamaño del país sigue dejando con la boca abierta al resto del mundo. Y para cualquier persona apasionada por el desarrollo económico sostenible, lo que pasa en China constituye el tema de actualidad más importante del mundo.
Si un 10% de los 60 millones de personas que viven en el Reino Unido opta por reducir un 1% su consumo energético, su acción apenas se podrá percibir a escala mundial. Pero si un 10% de los 1.300 millones de chinos emplean su creciente prosperidad para aumentar su propio consumo energético un 1% al año (a través de la adquisición de un automóvil, el aumento de consumo de carne o un apartamento más grande), el mundo tendrá que prepararse. Este cambio afectaría tanto a europeos como a chinos. En un mundo interconectado e interdependiente, las emisiones de dióxido de carbono de China se convierten en nuestras emisiones.

La revancha
Los políticos chinos hablan con un orgullo justificado de sus grandes logros, en particular haber permitido a más de 250 millones de personas del entorno rural salir de la miseria más absoluta y encontrar empleo en una economía en plena bonanza. El nivel de vida ha mejorado de forma significativa y la esperanza media de vida ha pasado de los 35 años en 1949, año en el que los comunistas se hicieron con el poder, a los 72 años de 2004.
Este progreso social proviene principalmente del boom económico, que se ha situado en una tasa de crecimiento anual de cerca de un 10% en los últimos 15 años. Pero esta evolución se ha visto acompañada de una destrucción medioambiental tal que, en la actualidad, supone una amenaza para el modelo de crecimiento chino. Ya lo señalaba en el año 2005 la revista Nature: “A lo largo de los últimos veinte años, las pérdidas provocadas por la contaminación y los daños medioambientales representan de un 7 a un 20% del Producto Interior Bruto anual”. El impacto sobre la salud humana reviste especial gravedad. En China, se atribuyen cerca de 300.000 fallecimientos a problemas de calidad del aire. Y el número de casos de cáncer está entre los más elevados del mundo.
La situación amenaza con empeorar en los próximos años antes de que se pueda hacer algo para mejorarla. China construye una central térmica de carbón cada diez días. En el año 2005, aumentó su producción energética en cerca de 65.000 megavatios, lo que equivale a toda la capacidad energética actual del Reino Unido. Además, ya se ha convertido en el segundo emisor de gases de efecto invernadero y uno de los consumidores de energía más ineficientes del mundo. Sus emisiones por unidad del PIB son diez veces mayores a la media de los países desarrollados.

Un apocalipsis ecológico
De nada sirve ponerse una venda sobre los ojos y relativizar: en la actualidad estamos asistiendo en China a una auténtica apocalipsis ecológica.
Hay que decir que los dirigentes chinos son los primeros en ser concientes de este hecho. Hace algunos meses, durante la presentación del XI Plan Quinquenal, el Primer Ministro Wen Jinbao lanzó un mensaje excepcionalmente severo: China no podrá seguir ya la vía de “del crecimiento primero, la resolución de daños medioambientales después”, un camino, podía haber añadido, trazado por Occidente. El país deberá aprender a crecer de forma sostenible, aunque esto signifique crecer más lentamente.
Los objetivos del gobierno para los próximos cinco años son impresionantes e incluyen, entre otros, una reducción de un 10% de todos los contaminantes (principalmente las emisiones de dióxido de azufre y la demanda de oxígeno químico), así como una disminución de un 20% del consumo de energía.
El desafío es inmenso. Pero China es capaz de avanzar a gran velocidad cuando así lo decide: ha eliminado el uso de gasolina con plomo en menos de dos años (frente a diez años, o más en el caso del Reino Unido) y, recientemente ha convertido en obligatorias unas normas de emisión para todos los automóviles nuevos por lo menos equivalentes a las europeas.
Todo esto garantiza una batalla épica entre los que ven el vaso medio vacío y los que lo ven medio lleno. Los primeros se fijan en el patrimonio medioambiental existente y la enorme presión política y económica que empuja a la economía china a crecer, cueste lo que cueste, y llegan a conclusiones muy sombrías. Los segundos no ven por qué China no habría de convertirse en la nación número uno en términos de eficiencia ecológica y el lugar elegido para esa “revolución industrial verde” de la que tanto se les llena la boca a los dirigentes occidentales. Sin embargo, admiten que para poder llegar a ese punto, hará falta mucho más que un decreto ministerial para devolver a la bicicleta a su lugar merecido dentro de la jerarquía de sistema de transporte “sostenibles”.

Este artículo ha sido publicado inicialmente en Greening the Dragon: China’s search for a sustainable future, un suplemento de la publicación Green Futures.
www.greenfutures.org.uk
www.forumforthefuture.org.uk


El país de todos los récords
“El milagro económico chino acabará pronto porque el medio ambiente no podrá seguir el ritmo. Cinco de las diez ciudades más contaminadas del mundo son chinas; lluvia ácida cae sobre un tercio del territorio; la mitad del agua de siete de los ríos chinos más importantes es completamente inutilizable; una cuarta parte de nuestros ciudadanos no tiene acceso a agua potable; un tercio de la población urbana respira aire contaminado; menos de una quinta parte de los residuos de las ciudades se trata de forma ecológicamente sostenible.”

Pan Yue, Secretario de Medioambiente

Para más información
De HESSELLE Laure, “La Chine peut-elle sauver le monde?” Imagine, septiembre-octubre 2006, pp. 8 -14.

FILOU Emilie, Inside China – The burning question, World business / Insead, 24 de octubre de 2006 www.worldbusinesslive.com


MABEY Nick and PARUSHERVA Diana, China’s climate choices, www.e3g.org

L’état de la planète 2005. Gros plan sur la Chine et l’Inde, Institut Worldwatch 2006.