Como única réplica:
los derechos humanos
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Tejshree Thapa
Tejshree Thapa, jurista nepalesa, es investigadora sobre el Sur de Asia para Human Rights Watch (Nueva York).


¿Qué puede hacer la comunidad internacional cuando un Estado frágil, inmerso en un conflicto armado, elige la dictadura? Apoyar fuertemente la restauración de la democracia y el respeto de los derechos humanos.

Desde 1996, Nepal se encuentra inmerso en una intensa guerra civil entre los rebeldes del partido comunista (CPN-maoísta) y las fuerzas del gobierno. Al principio del conflicto, se consideraba a los maoístas como un anacronismo y pocos observadores parecían darse cuenta que en las zonas menos desarrolladas del país, los más pobres veían en este partido, en su llamamiento a la nacionalización de los bienes del Estado, al fin de la monarquía feudal y a la redistribución de la riqueza y las tierras, la única salida a su terrible pobreza. En el tiempo que tardó Katmandú en reaccionar y en desplegar sus tropas en el 2001 los maoístas ya se habían hecho con el control de una gran parte de las zonas rurales del Nepal.

A lo largo de los últimos años, tanto el ejército como los maoístas han sido autores de terribles atrocidades y ningunos de los gobiernos que se han sucedido en Katmandú ha encontrado una fórmula para resolver el conflicto. Poco a poco, la muy joven democracia nepalí empezó a desintegrarse. El 1 de febrero de 2005, pese a la alerta del entorno diplomático, el rey Gyanendra realizo un golpe de Estado y decreto que asumiria en su persona el poder ejecutivo. Su cálculo era sencillo: los Nepalíes y el resto del mundo tendrían que decidir entre él y los maoístas. Estaba convencido de que se le consideraría un mal menor.

El papel de la ayuda militar
El ejército real nepalí (RNA) estuvo mucho tiempo bajo la tutela del ejército de la India y este país se constituía como su principal proveedor de armas. Desde el año 2001, Estados Unidos ha proporcionado una ayuda militar a el Nepal que asciende a 29 millones de dólares y que incluye cerca de 20.000 fusiles de asalto M-16. Por su parte, el Reino Unido, ha exportado lo que denomina "material no letal", que incluye helicópteros y tanques.

¿Había que parar la ayuda militar? Los defensores de su continuación mantenían que los maoístas constituían la amenaza principal y que los soldados del gobierno "no deberían tener que luchar con rifles Enfield, de cincuenta años atrás". Para sus detractores, al contrario, la finalización de las mismas significaría un rechazo claro al golpe de Estado y a las violaciones de los derechos humanos. Dificultaría aún más llevar a cabo una guerra agresiva, evitaría una intensificación del conflicto y finalmente obligaría al rey Gyanendra a restaurar un gobierno civil.

La sorpresa de la India
El monarca nepalí se había imaginado que su mensaje de "nosotros o ellos" daría en el blanco en la India, su vecino y socio principal. También confiaba en los numerosos lazos culturales, históricos y religiosos entre los dos países. Además, muchos estaban convencidos de que si el gobierno nepalí se encontrara a punto de caer, la India intervendría antes de que los maoístas pudieran hacerse con el poder. Sin embargo, la India sorprendió a su aliado al exigir la vuelta de la democracia y al anunciar la suspensión de su ayuda militar. Y si bien ha reestablecido su asistencia no letal, ha dejado claro que para reanudar completamente su apoyo militar la restauración de la democracia es una condición indispensable.

El rey Gyanendra esperaba igualmente que al evocar la amenaza maoísta, podría despertar el antiguo reflejo anticomunista de los Estados Unidos. En un primer momento, la embajada de los Estados Unidos en Katmandú pidió a Washington que le diera una oportunidad al rey, pero los moderados del Departamento de Estado y del Congreso defendieron con convicción la vuelta a un gobierno democrático.

En septiembre, Estados Unidos anunció que no podía certificar que el ejército nepalí respondiera a las condiciones requeridas por la legislación de los Estados Unidos para la venta de armas. Hasta ahora, Washington ha suspendido toda ayuda militar letal. Tras una interrupción temporal, el Reino Unido ha retomado su suministro de ayuda no letal, pero mantiene su decisión de no proveer armas letales y ha nombrado a un responsable de derechos humanos en su embajada de Katmandú.

Opciones de paz
¿Cómo resolver este conflicto? Los especialistas militares independientes opinan que ninguno de los dos bandos es capaz de ganar militarmente. El RNA se ve confinado en sus barracones y prácticamente no puede operar en las zonas rurales. Los maoístas controlan una gran parte de las regiones rurales, pero son demasiado débiles para tomar Katmandú por la fuerza.

Se presentan entonces varias opciones. La primera sería una mediación con supervisión internacional, probablemente a través de las Naciones Unidas. Sin embargo, el rechazo estratégico de la India frente a cualquier mediación internacional, como se ve en el ejemplo de Cachemira, representa un obstáculo importante. Por esta razón, se corre el riesgo de que las negociaciones lleguen a un punto muerto. En el año 2003, las últimas conversaciones terminaron amargamente, tras la ejecución sumaria de 19 prisioneros maoístas por las fuerzas del RNA. Desde entonces, se ha instaurado profundamente la desconfianza en los dos lados.

Una opción mucho mejor sería convertir a los derechos humanos en el principio organizador del progreso político. El Alto Comisionado para los derechos humanos ha sido invitado a instalar una oficina de supervisión. Tanto el gobierno nepalí como los maoístas se han comprometido públicamente a cooperar con esta oficina, la cual, en la ausencia de negociaciones de paz, podría constituir la única posibilidad para construir una relación de confianza y resolver el conflicto.

Una de las prioridades es la reforma del RNA. "El ejército real nepalí cuenta con el peor sistema de comando y control que conozco," señalaba un oficial estadounidense jubilado. "¿Matar a no combatientes? El ejército no ve dónde está el problema."

Es necesario que los consejeros militares extranjeros, del Reino Unido, de la India y de los Estados Unidos, hagan comprender a los militares nepalíes que toda cooperación se verá comprometida, incluso suprimida, si no se hacen distinciones entre civiles y combatientes, si se ejecuta o tortura a presos, si se hace "desaparecer" a personas o si no se persigue a aquellos que violen estas normas.

Los Estados Unidos tienen un papel importante que desempeñar. De acuerdo a la ley Leahy, Washington debe suspender toda asistencia a cualquier unidad militar responsable de serias violaciones de los derechos humanos. Los soldados que se beneficien de un entrenamiento tienen que haber pasado una investigación profunda. Desgraciadamente, el Pentágono solo consagra medios irrisorios a las investigaciones sobre el RNA y se contenta con afirmar, sin pruebas, que su compromiso con un ejército extranjero mejora automáticamente los resultados del mismo en materia de derechos humanos. Todavía no se ha instaurado ningún procedimiento para el seguimiento de la carrera de los oficiales entrenados por los Estados Unidos y determinar si el entrenamiento realmente ha tenido un impacto positivo.

Los maoístas y los militares no representan la única alternativa. Si el rey Gyanendra realmente desea poner fin a esta guerra y asegurar la continuidad de la monarquía, debe volverse a ganar la confianza de su pueblo y de la opinión internacional. Esto supone restaurar un gobierno civil, trabajar con los partidos políticos, organizar elecciones y probar que el RNA cambia su forma de actuar. En cuanto a los maoístas, deben poner fin a su justicia sumaria y otros abusos, así como aceptar que realicen negociaciones de buena fe. Solo si se cumplen estas condiciones, podrá el Nepal volver a encontrar el camino de la paz.