El Rompe-Estados
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Douglas Farah
Douglas Farah (Estados Unidos) es periodista de investigación especializado en el estudio de la financiación de grupos terroristas. Asesor para la fundación NEFA (Nine Eleven Finding Answers) que investiga sobre el terrorismo internacional, ha trabajado durante muchos años para el Washington Post, especialmente en América Central, en Colombia, Estados Unidos y en África occidental. Ha recibido numerosos premios de periodismo, entre los que se encuentra el premio Maria Moors Cabot de la Columbia University. En el año 2001, reveló el papel de Al-Qaeda en las redes de tráfico de diamantes de la muerte. Es autor de varios libros, entre otros Blood from Stones y ha escrito para numerosas publicaciones como el American Journalism Review, Mother Jones o el Financial Times.


Exiliado desde el año 2003 en Nigeria, el antiguo presidente de Liberia, Charles Taylor, es un "rompe-Estados". Su violencia, su saqueo de recursos naturales, su vinculación a redes criminales y terroristas internacionales, han sembrado el desastre en toda África occidental. Y ha contribuido al surgimiento de Al Qaeda. Informe sobre un Estado criminal.

Cuatro años tras los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos acaba de lanzar un estudio sin precedentes sobre las "zonas sin gobernanza". Efectivamente, en un número creciente de zonas geográficas, el control del Estado se va debilitando día a día o ha llegado a desaparecer completamente, lo que implica un aumento del número de Estados fallidos o "débiles" y de grupos armados no-estatales.

A modo de resumen, se puede dividir a los actores en cuatro grupos que se confunden y se superponen:

1) Los insurgentes: comprometidos con una lucha militar y política prolongada cuyo objetivo es debilitar o destruir el poder y la legitimidad del gobierno establecido;
2) Los terroristas: siembran deliberadamente el miedo amenazando con o empleando formas proscritas de violencia con el fin de alcanzar objetivos políticos;
3) Las milicias: fuerzas armadas irregulares fácilmente identificables que operan en zonas sin gobernanza o en un Estado débil o fallido;
4) Las organizaciones criminales internacionales: grupos caracterizados por su cohesión interna, que se dedican a una o varias empresas criminales y actúan atravesando fronteras y regiones1.

Los Estados criminales
Una amenaza asociada, que coincide de forma regular con los grupos no estatales, es la de los Estados criminales, naciones que de Estado no tienen más que el nombre. La corrupción y el deseo de amasar riquezas, frecuentemente mediante la explotación de recursos naturales hacen que el Estado mismo se transforme en una empresa criminal a tiempo completo. En estos casos, el Estado que sigue gozando de las ventajas internacionales que recibe gracias a su status (posibilidad de emitir pasaportes diplomáticos reconocidos, mantener registros de navegación y aviación, controlar las fronteras y recaudar impuestos), acoge a una gran variedad de actores no estatales y se asocia con estos para lograr sus objetivos.2

El caso de Liberia bajo la presidencia de Charles Taylor es un ejemplo paradigmático de este tipo de Estado. Efectivamente, Charles Taylor no se ha contentado con autorizar a estos cuatro tipos de actores no estatales a aprovechar el territorio liberiano, sino que además, ha amasado una fortuna personal y se ha apropiado del poder estatal tanto para su uso privado como para el beneficio de dichas organizaciones. Se ha asegurado incluso la ayuda de países vecinos, como Burkina Faso, ofreciendo diamantes y activos líquidos a cambio de cooperación para la importación de armas.

La intervención de Taylor ha sido más directa y brutal en Sierra Leona, donde ha exportado un modelo de dominación económica, digno de un potentado rapaz, en detrimento del Estado y de sus estructuras. Con el fin de llevar a buen puerto dicha operación, ha equipado y entrenado a un ejército mediante procuración, el Frente Revolucionario Unido (Revolutionary United Fronto - RUF), dirigido por Foday Sankoh, al que le unen lazos de amistad desde su paso por los campos de entrenamiento en Libia.

Bajo la tutela de Taylor, los traficantes de armas internacionales trabajan mano a mano con agentes de Al Qaeda, mercenarios israelíes y sudafricanos, traficantes de diamantes del Hezbollah, así como figuras a la cabeza del crimen organizado ruso y balkanico. Al tener las fronteras bajo su control, Taylor, apoyado por su aparato de seguridad, podía asegurar que incluso criminales buscados pudieran entrar y salir del país con toda impunidad. Taylor incluso llegó a proveerles de pasaportes diplomáticos con nombres prestados con el fin de protegerles. La infraestructura estatal se colocaba a la entera disposición de aquellos que pudieran ganarse sus servicios.

Los alumnos de Kadhafi
Ciertamente, Taylor no actuaba solo. De hecho, dependía de una red de amistades entabladas en los campos de entrenamiento libios de Muammar Kadhafi, campos que en los años 80 eran el equivalente de "Harvard y Yale para toda una generación de revolucionarios africanos"3. Entre ellos se encontraba Blaise Compaore, presidente de Burkina Faso, proveedor de cargamentos de armas y de certificados de usuario final, Foday Sankoh, un cabo apenas alfabetizado expulsado del ejército que se convertiría en el jefe del RUF, así como Laurent-Désiré Kabila, que más tarde se convertiría en presidente de la República Democrática del Congo. Estas relaciones permitieron a Taylor lograr contactos clave que contribuyeron a la prosperidad de su empresa criminal4. De igual forma, esta red resultaba indispensable para abrir las puertas de otras estructuras estatales con elementos criminales provenientes de Liberia. Uno de sus confidentes más cercanos, Ibrahim Bah, servía de escolta a los vendedores de diamantes y a los traficantes de armas que se reunían en Burkina Faso, Níger, Costa de Marfil o en cualquier otro lugar propicio para los negocios.

Lo que hacía que Liberia resultara atractiva a los ojos de los criminales internacionales y de las organizaciones terroristas no era solo el uso que podían hacer de la infraestructura estatal sino también la capacidad de Taylor para garantizarles acceso a dos materias primas: diamantes y madera. Con el fin de hacerse con el control de los yacimientos de diamantes, especialmente atractivos al ser aluviales y por lo tanto requerir muy poca inversión para su explotación, Taylor lanzó dos guerras que se superpusieron, la primera en Liberia y la segunda en Sierra Leona, Estado vecino en el que los yacimientos de diamantes eran todavía más ricos que los suyos. Estas dos guerras fueron caracterizadas por una brutalidad inaudita: ejecuciones rituales, secuestro de miles de niños que fueron drogados y entrenados para matar, la utilización generalizada de la violación como arma para infundir terror, y para controlar y la mutilación de civiles.

La explotación de la madera, del mineral de hierro, del oro y de los diamantes llevada a cabo por Charles Taylor desde sus comienzos como revolucionario está bien documentada. De hecho, Taylor no fue el que inventó la corrupción ni la malversación de fondos del Estado para su uso personal. Antes de que llegara, Liberia ya había conocido a una larga sucesión de líderes violentos y corruptos. En los años 50, Monrovia, se constituía como un paraíso para el blanqueamiento internacional de dinero, incluso utilizado por el célebre gangster Meyer Lansky5. Taylor tampoco fue el primero en utilizar la amplia e influyente red de los clanes endogámicos libaneses para hacer circular sus diamantes o para esconder su dinero6.

La fusión del Estado y el crimen
Charles Taylor se ha diferenciado de sus predecesores por su capacidad de fusionar el aparato estatal y los diferentes grupos criminales y terroristas en una misma y única empresa en la que todos, a pesar de diferencias de intereses, podían beneficiarse. Al establecer esta estructura, Taylor se ha apoyado en extranjeros que podían proveerle de las competencias que él mismo no poseía. Su círculo íntimo de financieros se componía de ciudadanos holandeses, belgas, israelíes, libaneses, senegaleses e incluso estadounidenses. Los que adquirían sus diamantes provenían de los mercados de diamantes más importantes.7

Podemos calcular la dimensión del problema si nos fijamos en quienes convirtieron a Liberia en una base de operaciones bajo la protección de Taylor a principios del año 2001. A finales del año 1999, Víctor Bout, traficante de armas ucraniano, más adelante apodado el "comerciante de la muerte" por un alto funcionario del gobierno británico, había registrado en Liberia su línea aérea, compuesta por varias docenas de aviones. Bout se había especializado en la violación de embargos internacionales en materia de armas y de esta forma hacía llegar por avión cientos de toneladas de armas, cuyos destinatarios no eran solo Taylor o el RUF en Sierra Leona, sino también los rebeldes de la UNITA en Angola y numerosos actores de guerras civiles en la República Democrática del Congo. En el traslado de las armas hacia Liberia, se hacían escalas en Burkina Faso, en Gambia, en Níger y en Costa de Marfil, con la complicidad de altos dirigentes en cada uno de estos países.8

Si Bout se hubiera limitado a las guerras africanas, probablemente no se hubiera convertido en un personaje internacional. Cuando Bout cayó bajo sospecha de proveer armas a los talibanes en Afganistán, después de su papel como gran proveedor de la Alianza del Norte (Northern Alliance), se empezaron a realizar investigaciones en Estados Unidos. En realidad, Bout no solo ha provisto de armas al régimen ilegítimo talibán, sino que también le vendió aviones y le ayudó a mantener su pequeña flota.9 Actualmente, dos de las empresas de Bout, ejemplo claro del "superviviente", cuentan con contratos con el ejército de Estados Unidos para el transporte de munición por vía aérea en Irak… pese a que sus activos se encuentran congelados en Estados Unidos y hay dos órdenes internacionales de arresto contra él.10

Leonid Menin, un hombre de negocios israelí originario de Odessa (Ucrania), es otro traficante de armas que ha sabido abrirse camino hasta Liberia para cambiar diamantes y concesiones forestales por armas. Creó su propia empresa, Exotic Timber, junto con el famoso hijo de Taylor, Chuckie. Cuando Menin fue arrestado en Italia el 5 de agosto de 2000 en compañía de varias call-girls de lujo, su consumo de cocaína le costaba 1.500 dólares al día, en su cuenta bancaria había 3 millones de dólares y el valor de sus diamantes ascendía a 500.000 dólares. Además, obraban en su poder pasaportes de la antigua Unión Soviética, Rusia, Alemania y Bolivia. Algunos meses antes, había proporcionado un cargamento de 68 toneladas de armas (entre ellas misiles aire-tierra y armamento antitanque) a Taylor, empleando un certificado de usuario final de Burkina Faso. En el momento de su arresto, poseía un certificado de usuario final de Costa de Marfil para 113 toneladas de armas.

Al Qaeda
Las relaciones más complejas son las establecidas con agentes de Al Qaeda, interesados en el comercio de diamantes. Estos no llegaron por azar a Liberia. Recurrieron a sus contactos en la región entre los que se encontraba un tal Ibrahim Bah, soldado de fortuna senegalés que a principios de los 80 había participado en los entrenamientos terroristas de los campos de Muammar Kadhafi. Después de haber combatido junto con los moudjahidines en Afganistán, Bah regresó a Libia y luego partió a luchar junto con Hezbollah en el Líbano. A finales de los años 80, de vuelta a Libia, se convirtió en instructor personal de los dirigentes de África occidental que iban a devastar la región. En 1998, Bah se había convertido en general dentro del RUF y responsable principal del comercio de diamantes de Taylor. Realizaba negocios con Al Qaeda igual que hacía con cualquiera que pudiera pagar los 50.000 de "derechos de entrada".11 Como Taylor controlaba la inmigración liberiana, los agentes de Al Qaeda podían entrar y salir libremente, e incluso alquilar una casa en Monrovia.

Las actividades de Al Qaeda en África occidental cambiaron hacia finales del año 2000, cuando agentes con altos cargos dentro de la organización llegaron a Monrovia con el fin de asumir el control de las operaciones de adquisición de diamantes. A través de un intermediario de Taylor, llegaron a un acuerdo con el RUF que les garantizaba el monopolio sobre la adquisición de diamantes y les comprarían el mayor número posible de piedras. Sin embargo, su intención no era ganar dinero, sino adquirir piedras preciosas con el fin de traspasar valores a partir de otros activos. Estas acciones tuvieron lugar en los meses anteriores al 11 de septiembre. Al parecer, los terroristas deseaban retirar su dinero de toda estructura financiera identificable para adquirir materias primas, en previsión de las consecuencias a sus atentados. Tras los atentados en 1998 contra dos embajadas de Estados Unidos en el Este de África, habían comprendido la necesidad de retirar su dinero de la estructura bancaria oficial occidental. Poco después de los atentados, el gobierno de Clinton, en su intento por castigar a los talibanes y a Al Qaeda había dado orden de congelar los activos de dichos grupos. Ante el estupor de los funcionarios de Estados Unidos, la transferencia constituía prácticamente 240 millones de dólares, principalmente en forma de lingotes de oro en depósito en la Reserva Federal de los Estados Unidos.12 Con el fin de convertir sus activos líquidos en un bien difícil de localizar, los agentes de Al Qaeda pagaban un suplemento de entre un 10 a un 20 por ciento sobre las tarifas en curso para piedras no talladas, privando así a los compradores habituales de toda mercancía.

Durante todo este periodo, las grabaciones de las conversaciones telefónicas de una empresa de diamantes en Amberes que servía como agente de Al Qaeda muestran numerosas comunicaciones con Afganistán, Irak, Siria e Irán. La última llamada registrada a Pakistán tuvo lugar el 10 de septiembre de 2001. Las pruebas reunidas por la policía belga indican que Al Qaeda había adquirido cerca de 19 millones de dólares en diamantes al RUF, durante los ocho meses anteriores al 11 de septiembre.13

Un modelo liberiano?
Se pueden extraer varias lecciones de la experiencia de Liberia bajo la presidencia de Charles Taylor, puesto que otros Estados del África subsahariana (o de otras partes del mundo) podrían seguir el modelo liberiano y conceder asilo a grupos terroristas y criminales.

1) Las organizaciones terroristas saben muy bien cómo explotar las "zonas grises", donde los Estados son débiles, la corrupción rampante y el estado de derecho inexistente. Durante numerosos años, han utilizado regiones como África occidental para financiar sus actividades, apostando que los servicios occidentales de información no contaban con la capacidad, los recursos o el interés de seguir sus actividades siguiendo las pistas, como se ha demostrado.

2) Los grupos terroristas asentados en estas zonas aprenden tanto de sus propios errores como de los demás. Su capacidad para adaptarse dificulta la tarea de los que les combaten. Tras los atentados de 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en el Este de África Al Qaeda perdió una gran cantidad de activos líquidos, pero sus miembros corrigieron este error antes de los atentados del 11 de septiembre. Durante cerca de 20 años, Hezbollah ha empleado los diamantes de África occidental para financiar sus actividades, mejorando sus redes de contrabando con Europa y el Líbano, desarrollando una red de intermediarios e incorporando con éxito su estructura financiera al comercio de diamantes. Los agentes de Al Qaeda se conectaron a esta misma red.

3) Las redes terroristas y criminales pueden superponerse y funcionar en un entorno de Estados fallidos. Las materias primas, como los diamantes, son la mejor moneda de cambio, puesto que los diferentes grupos pueden proporcionar diversos servicios a gobiernos y a grupos rebeldes a cambio de un acceso fácil y económicamente favorable a estas materias primas.

La corrupción, los conflictos provocados por los recursos naturales, la falta de control del gobierno sobre grandes zonas geográficas y la aparición de redes criminales organizadas y sofisticadas son otras de las razones que favorecieron el desarrollo de Al Qaeda y de otros grupos terroristas y criminales de África occidental. Todas estas condiciones siguen bien presentes en estas regiones. Estos "Estados desestructurados" o "regiones sin estado" constituyen un caldo de cultivo ideal para terroristas y otros grupos que representan una amenaza real a la seguridad nacional de Estados Unidos y a la estabilidad de gran parte de África.

 

Para más información
FARAH Douglas, Blood from Stones: the secret financial network of terror, Broadway Books, Random House, Nueva York, 2004.
FARAH Douglas, Following Taylor's Money: A Path of War and Destruction, Coalition for International Justice, http://www.cij.org/pdf/Following_Taylors_Money_A_Path_of_War_and_Destruction.pdf Global Witness, Timber, Taylor, Soldier, Spy : How Liberia's uncontrolled resource exploitation, Charles Taylor's manipulation and the recruitment of ex-combatants are threatening regional peace, Washington, junio 2005, 45 páginas.
BERDAL Mats/MALONE David M., Greed and Grievance:Economic Agendas in Civil Wars, Lynne Rienner Publishers, Boulder, 2000, 251 páginas.
Human Rights Watch, Le Fléau de l'Or, junio 2005, Nueva York, 159 páginas. Un informe sobre las relaciones entre empresas multinacionales y grupos armados locales que se enfrentan por lograr el control de minas de oro y que han cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
GANESAN Arvind/Vines Alex: Engine of War: Resources, Greed and the Predatory State, Human Rights Watch Briefing, Nueva York, enero 2004. Politique Africaine, Globalisation et illicite en Afrique, Editions Karthala, París, marzo 2004.

Páginas en Internet
www.douglasfarah.com
www.nefafoundation.org
www.hrw.org
www.globalwitness.org


1 Para información detallada sobre las amenazas a la seguridad que representan los actores no estatales y la generalización de zonas apátridas, véase: Richard H. Shultz, Douglas Farah, y Itamara V. Lochard, “Armed Groups: A Tier-One Security Priority,” Institute for National Security Studies, U.S. Air Force Academy, Occasional Paper 57, septiembre 2004. Las cuatro categorías de actores no estatales provienen de dicha monografía.
2 Para información relacionada con los Estados postmodernos y el Estado en cuanto empresa criminal, véase Robert Cooper “Reordering the World: Post-Modern States,” The Foreign Policy Centre, Londres, abril 2002, número 18.
3 Stephen Ellis, The Mask of Anarchy: The Destruction of Liberia and the Religious Dimensions of an African Civil War, (Nueva York, New York University Press, 2001) p. 71.
4 Ibid, pp. 70-75.
5 Ibid, p. 155.
6 Para saber más sobre las redes libanesas y su modo de operar, véase Lansana Gberie, Guerre et paix en Sierra Leone: les diamants, la corruption et la filière libanaise (http://action.web.ca/home/pac/attach/sierraleone2002_f.pdf.) O War and Peace in Sierra Leone: Diamonds, Corruption and the Lebanese Connection, The Diamond and Human Securities Project, Occasional Paper 6, (Ottawa, Canadá, Partnership Africa-Canada, enero 2003).
7 Douglas Farah, Blood From Stones: The Secret Financial Network of Terror, (New York, Broadway Books, mayo 2004) pp. 47-55.
8 Las actividades de Bout en Liberia han sido ampliamente documentadas en numerosos informes del Panel de Expertos de las Naciones Unidas (diciembre 2000, octubre 2001, abril 2002). Para más información sobre su red internacional, véase el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, Making a Killing: The Business of War, (Washington, D.C., Public Integrity Books, 2003).
9 El Los Angeles Times ha realizado un estudio muy completo sobre los vínculos entre Bout y los talibanes. Véase “On the Trail of the Man Behind the Taliban’s Air Fleet,” The Los Angeles Times, mayo 19, 2002, p. A1. Véase también el informe del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, op cit.
10 Entrevistas confidenciales del autor con miembros de servicios de inteligencia.
11 Se puede encontrar todo la historia de la estancia de Al Qaeda en Liberia en Blood from Stones, a partir de entrevistas con testigos oculares y de informes de los servicios secretos. La mayoría de los documentos en anexo se pueden encontrar en la página Web www.douglasfarah.com.
12 Daniel Benjamin y Steven Simon, The Age of Sacred Terror, Nueva York, Random House, 2002, p. 289.
13 La cifra de 20 millones de dólares y las grabaciones telefónicas provienen de la policía belga que actualmente está realizando una investigación tras el arresto, el 12 de abril de 2002, de uno de los intermediarios principales, Samih Ossailly. Según los extractos bancarios de Ossailly, de su tío y socio Aziz Nassour, examinados por la policía belga, este monto había sido malversado para un “empleo terrorista sospechoso”. La policía ha localizado igualmente las llamadas de un teléfono satélite que pertenece a ASA Diam, una empresa de Amberes dirigida por Nassour que adquiría sus diamantes a Liberia. Se puede encontrar un resumen en inglés del informe policial belga elaborado en el año 2002 para el FBI en la página Web www.douglasfarah.com.