Michel Cahen
Después de años de
conflicto, el caso de Mozambique se presenta como una historia de éxito.
Sin embargo, la restauración de la paz no ha resuelto todos los problemas
del país. La política económica neoliberal podría provocar tensiones
sociales y étnicas que ni siquiera la guerra civil habría producido.
Entrevista. Enjeux internationaux: En ocasiones, el caso de Mozambique se presenta como el de un Estado fallido que ha conseguido resucitar de sus cenizas. Michel Cahen: Mozambique nunca ha sido un Estado fallido. Incluso en los peores momentos (1986-1988) de la guerra civil, cuando la rebelión de la Renamo (*) actuaba sobre el 80% del territorio, el aparato estatal nunca dejó de existir, sobre todo en las ciudades. El Estado estaba en crisis, pero a diferencia de lo ocurrido en Liberia y el Congo, nunca se desplomó. Ahora bien, esto no significa que podamos hablar de éxito... ¿Entonces de dónde
viene esa idea de "historia de éxito"? Esta incapacidad del Estado para desarrollar la economía rural podría conducir a un empeoramiento de las tensiones regionales. Dicho de otra forma, lo que no ha conseguido la guerra civil durante quince años, podría conseguirlo la economía neoliberal al provocar un descontento social que amenaza con asumir tintes étnicos. El Estado se ha desarrollado a costa de negar la pluralidad de las identidades étnicas. ¿Acaso no es esto una fuente de inestabilidad? ¡Por supuesto que lo es! El Frelimo (*) ha pasado de ser un proyecto anticolonial, cuando nació en 1962, a un proyecto cada vez más marxista (de 1969 a 1977), después oficialmente "marxista-leninista" (de 1977 a 1989), para posteriormente, en 1989, antes de la caída del Muro de Berlín, abrazar la ideología nacionalista. Este imaginario nacional está especialmente presente, incluso de forma desmedida, en las elites de la capital. No se trata de una elección exenta de riesgos. Mozambique es un territorio que fue dividido a golpe de machete después del Congreso de Berlín (1884-85/1891), y que no necesariamente constituye un espacio pertinente para las personas que lo integran. La prioridad acordada al portugués con respecto a las lenguas maternas, y a la industria de los transportes y de los servicios con respecto al desarrollo rural, sin duda agrava las tensiones étnicas. Durante las elecciones de 2004, el Frelimo obtuvo entre el 60 y 65% de los votos, si bien esta victoria esconde una altísima abstención y una reducción continua del número absoluto de electores de dicho partido desde 1994. El alto grado de abstención es un indicativo de la desesperación de la población, que podría conducir, no ya a un nuevo estallido de la guerra civil, sino a mayores tensiones sociales. La estabilidad del país parece hoy menos evidente. ¿Es posible acabar
con la polarización existente entre el Frelimo y la Renamo? ¿Cómo puede contribuir la comunidad internacional a este proceso? Los donantes de fondos, como los inversores privados, deberían asegurarse de que sus acciones e inversiones no agraven las tensiones regionales. Asimismo, deberían favorecer la creación de un "Estado de promoción social", lo cual es todo un desafío más allá del capitalismo.
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