Mozambique.
La paz no es suficiente
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Michel Cahen
Michel Cahen es investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) del Centro de Estudios del África Negra (CEAN) de Sciences Po Bordeaux. Asimismo, es presidente de la Asociación de Investigadores de la revista Lusotopie, que publica su decimotercer volumen el mes de noviembre de 2005 con Brill, (Leiden).


Después de años de conflicto, el caso de Mozambique se presenta como una historia de éxito. Sin embargo, la restauración de la paz no ha resuelto todos los problemas del país. La política económica neoliberal podría provocar tensiones sociales y étnicas que ni siquiera la guerra civil habría producido. Entrevista.

Enjeux internationaux: En ocasiones, el caso de Mozambique se presenta como el de un Estado fallido que ha conseguido resucitar de sus cenizas.

Michel Cahen: Mozambique nunca ha sido un Estado fallido. Incluso en los peores momentos (1986-1988) de la guerra civil, cuando la rebelión de la Renamo (*) actuaba sobre el 80% del territorio, el aparato estatal nunca dejó de existir, sobre todo en las ciudades. El Estado estaba en crisis, pero a diferencia de lo ocurrido en Liberia y el Congo, nunca se desplomó. Ahora bien, esto no significa que podamos hablar de éxito...

¿Entonces de dónde viene esa idea de "historia de éxito"?
El gran éxito de los últimos quince años ha sido la transición de un estado de guerra civil a un estado de paz. Por consiguiente, podemos decir que el giro neoliberal que se produjo en tiempos de guerra (1984-87) -cuyo fracaso en términos sociales era patente a finales de los años 80- ha derivado, si no en una democratización real, al menos sí en una "descompresión autoritaria": el partido único se ha convertido en el partido hegemónico. Ciertamente, Mozambique es un buen alumno del FMI, de ahí que tenga buena prensa entre los medios de comunicación internacionales. Sin embargo, debemos desconfiarnos de los porcentajes -en una economía de mercado tan débil basta con que se produzca una única inversión a gran escala para cambiar las cifras- y de la localización de las inversiones. Éstas se concentran en los ámbitos en los que ya existen infraestructuras. El corredor de Maputo (en el extremo sur) se sitúa claramente a la cabeza, seguido modestamente por el de Beira (centro-sur) y, muy lejos ya, del corredor de Nacala (en el norte). Las regiones más aisladas pero densamente pobladas, por su parte, están siendo desatendidas. La estructura que se heredó de la colonización -los puertos del Océano Índico hacia el interior británico- no ha cambiado ni un ápice y, de hecho, se ha consolidado durante los últimos años.

Esta incapacidad del Estado para desarrollar la economía rural podría conducir a un empeoramiento de las tensiones regionales. Dicho de otra forma, lo que no ha conseguido la guerra civil durante quince años, podría conseguirlo la economía neoliberal al provocar un descontento social que amenaza con asumir tintes étnicos.

El Estado se ha desarrollado a costa de negar la pluralidad de las identidades étnicas. ¿Acaso no es esto una fuente de inestabilidad? ¡Por supuesto que lo es! El Frelimo (*) ha pasado de ser un proyecto anticolonial, cuando nació en 1962, a un proyecto cada vez más marxista (de 1969 a 1977), después oficialmente "marxista-leninista" (de 1977 a 1989), para posteriormente, en 1989, antes de la caída del Muro de Berlín, abrazar la ideología nacionalista. Este imaginario nacional está especialmente presente, incluso de forma desmedida, en las elites de la capital.

No se trata de una elección exenta de riesgos. Mozambique es un territorio que fue dividido a golpe de machete después del Congreso de Berlín (1884-85/1891), y que no necesariamente constituye un espacio pertinente para las personas que lo integran. La prioridad acordada al portugués con respecto a las lenguas maternas, y a la industria de los transportes y de los servicios con respecto al desarrollo rural, sin duda agrava las tensiones étnicas.

Durante las elecciones de 2004, el Frelimo obtuvo entre el 60 y 65% de los votos, si bien esta victoria esconde una altísima abstención y una reducción continua del número absoluto de electores de dicho partido desde 1994. El alto grado de abstención es un indicativo de la desesperación de la población, que podría conducir, no ya a un nuevo estallido de la guerra civil, sino a mayores tensiones sociales. La estabilidad del país parece hoy menos evidente.

¿Es posible acabar con la polarización existente entre el Frelimo y la Renamo?
La "sociedad civil", es decir, los movimientos sociales capaces de desarrollar cierta autonomía con respecto al Estado, sigue siendo muy débil. El alto grado de concentración de las elites modernas en una única capital y la marginación de otros núcleos de elite del Centro y el Norte al nivel del "siglo colonial" (1885-1975) y del periodo posterior a la independencia son factores que reducen la base social necesaria para que emerja una tercera fuerza. No creo que esto vaya a producirse durante los próximos diez o quince años. Sin embargo, el Frelimo, por mucho que esté dominado por grupos étnicos del Sur, principalmente los Changanes, no es un partido tribal. Si el Estado fuera capaz de garantizar un progreso económico y social a largo plazo que se produjera de manera proporcionada entre las distintas regiones, se podría generar una identificación de las poblaciones con dicha República y, quizás, impulsar la creación de una "nación de naciones", es decir, una supraidentidad mozambiqueña capaz de abarcar todas las identidades de Mozambique. Se parecería, en cierta forma, al caso de Gran Bretaña, que no es sino una supraidentidad británica de las naciones inglesa, galesa y escocesa.

¿Cómo puede contribuir la comunidad internacional a este proceso? Los donantes de fondos, como los inversores privados, deberían asegurarse de que sus acciones e inversiones no agraven las tensiones regionales. Asimismo, deberían favorecer la creación de un "Estado de promoción social", lo cual es todo un desafío más allá del capitalismo.

 

Notas
Frelimo
Frente de Liberación de Mozambique

Renamo
Resistencia Nacional Mozambiqueña. Este antiguo movimiento guerrillero, apoyado en su día por Rodesia del Sur, Sudáfrica y Estados Unidos, se ha convertido en el principal partido de la oposición tras la firma de los acuerdos de paz en 1992.